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miércoles, 31 de marzo de 2010

Multa o bronca



Se ha convertido en leyenda urbana la historia del conductor que, tras saltarse un semáforo y ser descubierto por la policía, aguanta estoicamente el chorreo y las múltiples recriminaciones del agente durante un buen rato. Cuenta la historia que, agotado el discurso y dejadas las cosas claras sobre las adjetivaciones que merecía la acción, el agente termina diciendo: “Y ahora, voy a proceder a sancionarle” a lo que el conductor, sin dar lugar a ningún tipo de posible réplica, contesta ”Eso sí que no: llevo 10 minutos aguantando la bronca para que no me ponga la multa. O la bronca, o la multa y Vd. ya ha consumido la bronca. Buenas tardes” Dicho lo cual, arranca dejando al agente con dos palmos de narices.
¿A que viene esta introducción? A la sorpresa con la que leo el auto por el que un juez, del que no doy el nombre para que a todos se nos olvide rápido, condena a Jaume Matas a depositar una fianza de tres millones o ingresar en la cárcel. Los comentarios, calificativos y chascarrillos con los que se salpica en auto, me parecen deleznables, por mucho que el sujeto objeto de instrucción sea un pájaro de los de mucho cuidado.
Hace tiempo que los jueces de este país se han salido de los senderos de la normalidad y este detalle no es más que otro adorno de un colectivo que se sabe por encima y al margen de todo. Copio textualmente algunas de las afirmaciones de su señoría “Puede darse por satisfecho con que las acusaciones no hayan interesado una medida cautelar más severa” “es una burla a este juzgado y a los ciudadanos y no se entiende cómo se le ha podido ocurrir a alguien argumentar de esa manera” “quizá sea por ello que le queda poco tiempo para controlar el gasto público” “Es claro que el señor Matas ha venido a burlarse de los simples mortales”
Su Señoría actúa en calidad de juez instructor, por lo que su actuación se orienta a la captación de documentos y testimonios probatorios que sustenten el procesamiento de un acusado; en ningún caso debe acercarse a la emisión de sentencia alguna, ni siquiera mediante la táctica de hacer un rodeo “verbal” para meter morcillas de tan dudoso valor jurídico como las que se han reproducido.
Si cree que el fiscal debía solicitar una medida más dura, tiene cauces para reconvenir, matizar o ajustar las actuaciones del ministerio público; tiene infinidad de recursos procesales para hacer casi cualquier cosa ajustada a derecho, pero la mofa, befa y cuchufleta deberían estar, creo yo, fuera de los textos y resoluciones judiciales.
Todo tiene que ser coherente con el entorno, con el medio natural en el que las cosas ocurren y producirse de forma anómala es condenarse a sí mismo al desprecio de los demás. Supongo que la instrucción del caso habrá supuesto un enorme esfuerzo para este juez; habrá invertido horas, medios, dinero y talento a manos llenas y todo ese capital, toda esa inversión, habrá quedado reducida a dos cosas: un arma arrojadiza a favor del acusado – tiempo al tiempo – y a que, en lugar de comentar la enorme lacra social que supone la corrupción, toda la feria mediática del PP se dedique a despotricar contra el auto y contra el juez olvidando el hecho de que este señor es un chorizo.
Señor Juez: los juzgados son, para los ciudadanos normales de este país, sitios muy serios que asustan un carajo, así que, de la misma manera que no le parecería correcto que alguien se dirigiera a Vd. con el apelativo de “suseño”, haga el favor de guardar su lado jocoso para otros ambientes.
P.D.- Entiendo que, vistas la argumentaciones, el juez tenga ganas de hacer constar que ya está bien de intentar tomarle el pelo como si fuera tonto, pero la judicatura es un cargo que tiene servidumbres que cumplir.

lunes, 29 de marzo de 2010

Preguntas sin respuesta

Un amigo que recibe estos comentarios me pide que no hable de política, que su larga trayectoria de lucha y de compromiso llora ante la corrupción generalizada y se deprime al contemplar el panorama de la clase política, así que no hablaré de política, hablaré de la corriente de caos que domina nuestros días y que consigue que todos deambulemos por el mundo como “aventados” necesitados de refugio.
Las turbulencias vaticanas nos llegan como las ondas rebosan un estanque tras una enorme conmoción. Me cansa la demostración de hipocresía y los comentarios sobre las persecución que dicen sufrir. Llevan siglos siendo perseguidores de todo y ahora, apenas la sociedad civil de algunos países pone sobre la mesa la necesidad de actuar conforme a derecho, los curillas levantan los brazos con asombro y lloran como plañideras ante el temor a los códigos civiles. Anda y que les zurzan.
Pero es que hay más, bastante más. La crisis que ha dejado el mundo arrasado parece haber pasado como si nada; dejando un leve recuerdo en las silenciosas moquetas del poder financiero. Ya se han olvidado de que tuvieron que ser salvado por los que ahora desprecian. La maquinaria se permite el lujo de dar lecciones, dirigir las acciones de los gobiernos y despreciar a los ciudadanos. Parace que hemos conseguido atajar las primeras fiebres, pero el absceso permanece y continúa infectando el tejido social. La necesidad de un nuevo sistema, de un modelo original y adecuado a la realidad del mundo actual es obvia, pero ...la nueva doctrina no llega. ¿Será un capitalismo social o un socialismo capitalista? ¿Será una economía controlada por los gobiernos que velarán por al limpieza de las jugadas? No sé lo que llegará, ni cómo lo montarán, pero está claro, meridianamente claro, que el dinero sin control es una fuente incontrolable de conflictos.
El mundo se enfrenta a muchos problemas y el poder, el Poder con mayúsculas, el del dinero, mira hacia otro lado sin darse por aludido. Seguimos centrados en la protección del petróleo y su consumo como eje de las economías, dejando algún sñuelo de vez en cuando para crear la ilusión de que habrá sustituto. El clima avisa, no sé muy bien de qué avisa, pero avisa sin que nadie, de los que importan de verdad, tome medidas.
También nos llegan señales de la miseria de continentes enteros y de la explosiva evolución del integrismo islámico, claramente orientada hacia la guerra.
Hemos perdido las respuestas a las grandes preguntas y el dinero duerme las conciencias para que todo siga dormido, para que millones y millones de personas se den por satisfechos deambulando por al vida como boxeadores sonados que no saben que les han roto la cara

domingo, 28 de marzo de 2010

Desperdicio




La publicación de una serie de películas recuperadas de archivos antiguos y la serie estrella de la temporada, The Pacific, me ponen, una vez más, ante el absurdo desperdicio que supone la guerra. Uno de los veteranos americanos de la guerra del pacífico comenta, al referirse a la experiencia de su primer desembarco, que “al ver toda aquella destrucción me di cuenta, por primera vez, del derroche de vidas, material y esfuerzo que supone la guerra”.
La guerra, todas las guerras, incluidas las docenas que ahora están consumiendo vidas y dinero en cualquier parte del mundo, suponen la más absoluta degeneración del espíritu humano; la liberación del mal sobre la faz de la tierra. Hay pensadores que justifican la guerra en función de determinadas situaciones, pero no alcanzo a imaginarme que otra circunstancia, fuera de la más necesaria e imprescindible defensa, puede justificarla.
La guerra es el absurdo y dentro del absurdo, crece una paradoja que revela el grado de locura que se alcanza en la guerra: la consecución de grandes logros intelectuales aplicados a la locura colectiva. ¿Un ejemplo de esos que se quedan como resumen en el recuerdo? La segunda guerra mundial comenzó en 1939, momento en el que alguno de los ejércitos contendientes tenían biplanos de tela y la caballería polaca lanzó la que se conoce como la última carga de la historia militar: acabó hecha papilla por las ametralladoras alemanas. La segunda gerra mundial acabó con el lanzamiento de la bomba atómica (Little Boy) desde el Enola Gay el 6 de Agosto y la bomba Fat Man (en la foto) puso el punto final el jueves 9 de Agosto, por si las moscas.
En seis años de contienda la humanidad desarrolló tecnología suficiente para llegar a la luna, producir aviones a reacción y destruir el planeta; pero décadas después nos enfrentamos a los mismos problemas que nos persiguen desde hace siglos y que, de vez en cuando, hacen que la tensión acumulada explote en forma de guerra.
Ahora mismo se están incubando tensiones que pueden - esperemos que no - ponernos a las puertas de otro conflicto global. La humanidad descubrió las carnicerías masivas en la primera guerra mundial, las perfeccionó en la segunda y hoy, cuando en Irán gobierna un enloquecido con el la peor versión del Corán en la cabeza, todos estamos en riesgo de que esto acabe fatal una vez más.
No quiero insistir en que la base de ese conflicto será, como si los siglos no nos hubieran enseñado nada, la religión y las diferencias insalvables entre las tres religiones del libro; pero sí quiero insistir en que ahora mismo hay mucha más inteligencia, dinero, recursos e interés en desarrollar armamento que en solucionar enfermedades, pobreza, injusticias o problemas internacionales entre las naciones.
Si alguien quiere hacerse una idea real de lo que hablo, tamién hay documentales que nos cuentan las maravillas tecnológicas aplicadas a la construcción de submarinos (me interesan los submarinos de una forma inexplicable y enfermiza), portaviones, barcos de guerra, aviones y tanques. Los veo atentamente y siempre, sin excepión, la conclusión es la misma: ¡que desperdicio!.

sábado, 27 de marzo de 2010

Rumbo perdido


Leo estos días la prensa con un sentimiento de desconexión que me inquieta. No alcanzo a comprender algunas de las afirmaciones que leo, escucho en la radio o veo en la televisión. Jaime Mayor Oreja lleva días diciendo que el gobierno prepara una nueva negociación con ETA porques sus intereses electorales son coincidentes, convergentes o no se qué locura. Pedro J. Ramírez y otros medios de la derecha y de la extrema derecha suavizan sus comentarios sobre Jaume Matas, olvidando que es un político que ha denigrado la función pública, que parece que es un corrupto con el catálogo de chorizadas más que completo y algunos llegan a presentarlo como víctima del sistema judicial.
Jaume Matas es un ser deleznable, Jaime Mayor Oreja es un psicópata que se niega a ver la realidad de una ETA diezmada, acorralada, perseguida y que, además, se ha echado a los talones la venganza de todo el Estado Francés. Ojo que, cuando digo Estado Francés, estoy hablando de una maquinaria engrasada, profesional, eficaz y muy poderosa, que para eso lleva varios siglos de rodaje en la cuestión.
También hay rasgueo de vestiduras ante la incorporación de Javier Solana a una institución muy prestigiosa de intermediación en conflictos bélicos y armados. No se comprende como un orgullo nacional o como el lógico colofón a la carrera de alguien que ha ejercido cargos tan imporatntes como los que él ha ejercido. Como esa ONG ha actuado como mediadora entre ETA y el Gobierno español, la paranoia patria se mesa los cabellos y ya ve conjura, conspiraciones y futuros claros.
No me puedo imaginar el futuro político de éste país: Garzón sufre las peores venganzas, la fundación FAES se dedica a mandar estudios a cualquier sitio de fuera de España para hacer todo el daño posible y el Gobierno da tumbos como un borracho de vuelta a casa.
España ha realizado un trabajo histórico y lo ha hecho bien casi siempre, pero en la actualidad se enfrenta, en mi opinión, a tres peligros muy concretos:
El primero, la corrupción de los gobernantes. Afecta a todos los partidos y debería ser objeto de una actuación colectiva que la erradicara de forma fulminante .O nos la quitamos de encima o nos mata. No hay más alternativa.
El segundo problema es el poder judicial, que habita un tiempo y una época distinta, atigua y completamente obsoleta. Todo lo que pasa en este país, acaba en sus manos y no tienen ni preparación, ni ganas ni posibilidad de organizarse para ejercer la tarea que la Constitución les reserva. El Ejecutivo funciona más o menos bien; el Legislativo, mas o menos, también; pero el Poder Judicial está lejísimos de lo que ésta sociedad necesita.
El tercero es la preparación de nuestra clase política. En todos los partidos, sin excepción. Más que políticos tenemos insultos que denigran nuestra política con verdadera saña. Si Leire Pajín es una ofensa, lo de Rosa Díez, Cospedal y compañía es digno del museo de los horrores. Como media, nuestros políticos están muy lejos de la media de cualquier sector profesional de nuestro país. Tan simple como eso.

viernes, 26 de marzo de 2010

Rafael Verdera (1841) La magia de la palabra.





Desde 1841 navega por las aguas del Mediterráneo una tartana que se ha enamorado del viento y de la luz, de forma que ha conseguido alimentarse de ellos para prolongar su vida gracias a la magia de las palabras a las que debe su vida. No sabemos lo que quiere decir, pero todos estaremos de acuerdo en que algo que debe ser nombrado como “falucho aparejado de místico” no puede evaporarse sin dejar huella o pudrirse en olvidados malecones de puertos sin historia.
El Rafael Verdera es el navío más antiguo que navega de forma continua y todavía hoy, algunos afortunados, se dejan acunar en su bodega por las olas del Golfo de León y por otras aguas en las que realiza singladuras turísticas que nada tienen que ver con sus proletarios orígenes. Nació para hacer la ruta de la sal entre Ibiza y Barcelona, trayecto que se recuerda todos los años con una regata que suele dar lugar a numerosas historias contadas en los Clubs Náuticos de toda la costa del levante español. El Rafael Verdera se apunta casi todos los años para enseñar a los navíos más jóvenes la mejor forma de dejarse llevar por los vientos que se encuentran.
Tuve la oportunidad, hace ya demasiados años, de pisar su cubierta y oler la cera antigua que impregnaba su bodega, hoy convertida en camarote comunal donde descansar de las jornadas de sol y viento; mar y ballenas que constituyen su trabajo de hoy.
El mar es mágico, es poder, es sueño y es aventura, pero también es creación y ha creado un lenguaje que únicamente los que saben distinguir el viento que sopla con sólo escuchar lo que su piel les dice son capaces de usar con propiedad. El lenguaje del mar, de los barcos y de las rutas comerciales es un lenguaje que se debe dominar desde la vida y es imposible aprender desde los libros. Cada término, para los privilegiados que se han iniciado, despierta un recuerdo, un momento, una ola, un viento, una luz y un paso más en su camino vital. Para los otros, para los que, con envidia, los leemos y tratamos de saber qué forma de vivir aporta la palabra, los significados se quedan en palabras que hablan de palabras, pero sin vida.
Envidio, con la más envidiosa de las envidias, a los que al oír cualquiera de esa palabras que yo no sé lo que significan, entornan los ojos y se dejan llevar allí donde yo no he estado y reviven un olor; un movimiento, una luz y una mirada que, saltando por la borda, quería enamorarse de un amanecer traído por los suaves alisios de Diciembre.
Las palabras del mar son conjuros que evocan vivencias, no letras ordenadas en un libro. Cuando alguien quiere ordenar sus letras en el diccionario, invocan a los céfiros y ellos borran la tinta de los libros para que sólo los hombres puedan vivir lo que las palabras recuerdan.
Si alguien quiere revivir el privilegio de navegar llevado por este maravilloso barco, que investigue las muchas posibilidades que se le ofrecen en: http://www.rafaelverdera.com/

Nota: Como el autor sólo sabe de mar por su pasión, que es tan grande como su desconocimiento, me permito copiar lo que otra Web de mar explica sobre el Rafael Verdera y su aparejo, que no debe ser muy sencillo de catalogar.

En el historial de la embarcación existen algunas sombras en cuanto a su aparejo original. Está documentado que fue construída en Ibiza, siendo botada el 15 de abril del año 1841. Esto lo convierte en el barco en activo más antiguo de nuestra bandera. En cuanto al aparejo, en distintos documentos de la época existen contradicciones, pues unas veces lo llaman tartana, otras falucho y también balandra. El documento más confuso es un asiento oficial que lo clasifica como un "falucho de madera aparejado de místico", algo imposible ya que de "falucho" o de "místico" son dos maneras distintas de aparejar.

jueves, 25 de marzo de 2010

Altius, citius, fortius..Deporte, vamos

25 de marzo


Por culpa de un amigo que me manda un muy interesante comentario sobre algunos aspectos del deporte sobre los que se reflexiona poco, vuelvo a meterme con el tema por, creo, segunda vez en este blog. Si la primera vez hablaba obre la percepción general que existe en la sociedad sobre el deporte de élite y las drogas que mejoran los rendimientos, hoy me gustaría hablar sobre lo que significa el deporte de élite y lo mal que comunicado que está en España.
España vive un momento deportivo absolutamente impensable para los que ahora somos cincuentones. Crecimos viendo como el mundo nos pasaba por encima en todos los deportes salvo el hockey sobre patines, sobre hierba y…poco más. De ese desierto empezaron a surgir gigantes que, en solitario, lograron metas imposibles: Manolo Santana, Andrés Gimeno y Orantes en tenis,, Severiano Ballesteros en golf, deporte absolutamente minoritario en España; de las calles de los polígonos industriales salieron los Ricardo Tormo, Aspar y el dios Nieto, con 12+1 campeonatos mundiales, que de haber tenido una marca realmente sensata en España, hubieran podido ser algunos más.
Hoy en día, las Selecciones Nacionales de casi todos los deportes de equipo son consideradas entre las 5 mejores del mundo, con la excepción del Rugby y creo que ninguna más, pero es que también hay deportistas que compiten d forma individual logando éxitos en todos los deportes y categorías. ¿Y? ¿Para qué ha servido todo eso? Para encumbrar a una prensa deportiva deleznable que sólo nos habla de las idioteces del fútbol, el peor escaparate para la realidad del deporte, y de las miserias y escándalos del resto de los deportes.
Se permiten marcar los niveles de éxito y fracaso sin tener ni la más remota idea de la realidad del deporte; de los esfuerzos, sacrificios y penalidades que deben pasar TODOS LOS QUE LO INTENTAN; consigan o no consigan medallas olímpicas o campeonatos del mundo.
Mi amigo se queja de la consideración y retribución que recibe el número 150 del ranking de la ATP y tiene razón, pero esa queja es válida para el atletismo, un universo infernal de trabajo baldío, y para casi todos los deportes individuales que no son el Golf, paraíso económico que habita lo exclusivo.
Estamos de acuerdo en que es malo que no obtengan dinero, pero lo indignante es que, además, la prensa deportiva, la que tenía que apoyar esas ordalías personales de trabajo, sudor, esfuerzo y disciplina, las desprecian y ningunean fortaleciendo un status de poder sobre el deportista completamente injusto.
Yo he oído a un comentarista de RTVE decir que un finalista olímpico de los cien metros “era malo”, el diario Marca titulaba “SOLO PLATA” cuando la selección de baloncesto quedaba segunda de un Europeo y se permiten decir que Carlos Sainz, ídolo consagrado en todo el mundo con un palmarés espectacular, es gafe.
Este país no es consciente del patrimonio moral que aportan sus deportistas, los campeones y los que se esfuerzan en lograrlo y no lo consiguen, los ningunean y se los arrojan de carnaza a unos periodistas frustrados, pelotas, habitualmente incultos y siempre, siempre, injustos. Tan injustos como lo soy yo en este momento, con toda probabilidad.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El Hacedor del mundo

El hacedor del mundo


24 de Marzo


Haciendo un enorme esfuerzo de concentración, cogió la esquirla de piedra y comenzó a trazar rayas que surcaban la pared. Con cada repetición del trazo, la raya se convertía en surco y el surco era visible y generaba sombra en la profundidad de su pequeño valle. Ajeno a la excitación contenida que notaba detrás, siguió el proceso durante horas y los trazos tomaron formas sinuosas o quebradas; círculos amables formados de varios trazos, puntos que unían rayas paralelas y cuando se separó de la pared, por enésima vez, pudo sonreír satisfecho con su obra.
La tribu entera temblaba viendo la pared nueva; una pared que ahora no conocían y que se presentaba como una amenaza mágica ante ellos. No sabían lo que significaba ni lo que el autor había querido expresar con todos aquellos signos, pero percibían el inmenso poder que encerraban.
Mañana. Mañana, cuando el sol se pusiera tras el primer día del ciclo de la nueva vida, con la hoguera grande y la tribu reunida, la explicación de esa magia les daría tanta seguridad como miedo les generaba ahora. Siempre había sido así y esperaban que esta vez fuera igual.
Llegó el día y pasaba lento, detenido por la excitación y la inquietud; como si ambas formaran una barrera que el sol no podía forzar. Pero la noche llegó por fin y los niños trajeron la leña y en la cámara del fondo de la inmensa cueva las mujeres acumularon comida para celebrar la vida nueva, cuando los brotes salían de la tierra y les devolvían la fuerza perdida en el invierno.
Comieron y las voces se apagaban cuando el chamán se levantó y se acercó la pared que todos fingían ignorar. Entonces llegó el silencio absoluto y el chamán comenzó a moverse y a hablar con cariño a la tierra que se erguía vertical formando la pared:
De tu piel arrugada brotará el agua y bajará hacia nuestra cueva, y bajará como yo he pintado pues tú me obedeces y el agua no se saldrá de las dos rayas que yo he marcado, tierra. En los bordes del agua beberán las bestias que nosotros cazaremos como tú quieres que cacemos, sin matar a las madres ni a las crías; y las bestias estarán bebiendo el agua que yo he pintado. Y tú, tierra, llenaras de frutos los árboles que yo he pintado y las mujeres irán a recogerlos allí donde yo he pintado. Y el chamán contó a la tribu el significado de cada trazo, de cada figura, de cada punto y de cada surco que él había hecho en la pared para ordenarle a la tierra que hiciera un mundo bueno para los hombres.
Y la tierra entendió la explicación y obedeció y cuando la tribu salió de la cueva el mundo era nuevo y el agua bajaba por el río sin desbordarse y los animales bebían en sus riberas y los frutales que formaban el bosquecillo de la ladera de la montaña estaban llenos de flores que esperaban hacerse frutos.
Y el chamán descansó sabiendo que el mundo que había ordenado hacer seguiría alimentando a la tribu mientras el mapa no se borrara de aquella pared. Desde entonces, la humanidad ha intentado hacer el mundo dibujando miles de mapas, pero la pared se borró y la tierra ya no obedece las órdenes de los hombres.

lunes, 22 de marzo de 2010

Semana Santa

23 de Marzo



Me escribe Guillermo Pérez, periodista de raza antigua, bebedor de tinta de rotativa y fumador compulsivo por la necesidad de tocar papel, para solicitar un comentario sobre la Semana Santa en España. Como me ha pillado relajado y es un tema al que, a veces, le he dedicado la atención de mi media neurona, me parece que van a ser algo más de dos letras.
Lo primero que me viene a la cabeza es aquella Semana Santa de mi infancia; la Semana Santa en blanco y negro en la que se había muerto Dios y España, literalmente, estaba de luto. Recuerdo aquel tedio espantoso de radios con música sacra; visitas a Iglesias en las que reinaba la negrura de oficios interminables y recuerdo, también, la alegría de recibir el regalo del padrino en forma de Mona de Pascua. Esta costumbre catalana me otorgaba una ventaja especial sobre mis amigos madrileños, que no tenían posibilidad de empatar ese lance de la fortuna, pues no es costumbre de la villa y corte.
Recuerdo un Madrid de cines cerrados en el que no se podía hacer nada, ni jugar en la calle o hacer ruido en las casas. También me acuerdo de la indignación de un señor –pobre imbécil – y sus amonestaciones por reír en la calle “cuando se había muerto Jesús”.
Recuerdo todo eso y recuerdo que, como si hubiera transcurrido un solo instante en mi memoria, muerto Franco, entró la luz y la Semana Santa se llenó de color, de ansias de playa, de salidas masivas en interminables caravanas de coches atascando carreteras y autopistas. A España le habían quitado el luto y desde entonces, nos dedicamos a vacacionar con hambre atrasada y como si lo fueran a prohibir.
Pero la Semana Santa, además, conserva y cuida tradiciones religiosas que han trascendido el ámbito de lo puramente litúrgico y colonizado la inclinación a la fiesta propia del españolito de pro. La Semana Santa de Sevilla es una excusa para estrenar vestidos, seducir posibles novios o “ligues” y lucirse a sí mismo tanto como se luce el paso en el que desfila la imagen objeto de devoción.
Eso en el sur, que en otras partes también hay tradiciones siniestras que ahora son muy atendidas como los ensogaos, especie de martirio ofrecido para purgar culpas; los famosos tambores de Calanda, que son golpeados hasta que la sangre de las manos del entregado tamborilero empapa el parche y otros cientos de rituales que perviven entre copas, risas, playas, arroces y cucuruchos de camarones.
Y acabemos con mi percepción personal de esas celebraciones de Sevilla, para mí las más completas en cuanto a posibilidades. Lo primero que tengo que hacer es reconocer ciertos momentos de una estética impactante: la catedral a oscuras mientras desfila un paso; un rincón del barrio de Santa Cruz, con los faroles apagados para que las velas del paso dibujen sombras mientras los costaleros hacen bailes con los quintales cargados en la espalda…
Todo eso lo reconozco, pero también me reconozco observándolo todo con la distancia emocional que puede mantener un sueco, pues las gentes que a eso se dedican me resultan ajenas, lejanas e incomprensibles. Para mí es como seguir un ritual pisidio con un matiz importante: me produce pudor y vergüenza ajena. La exhibición púbica de la religiosidad, me resulta mucho más pornográfica y ofensiva que la película más X que se pueda comprar en un sex shop.
Como despedida propia de la época, tengo que hacer una confesión pública de mi absoluta perversidad, mala inquina y peor calaña: todos los años pongo mis mejores deseos en que llueva a mares y se tengan que suspender las procesiones. Dios me castigará, seguro, pero juro que disfruto, con lo que otros llamarían sadismo, viendo en la televisión los reportajes llenos de gente llorando desconsoladamente por no poder sacar el paso bajo la lluvia. No puedo evitarlo: me río como un poseso y me lo paso fenomenal. ! Qué le vamos a hacer!
Espero que este personal punto de vista sobre la Semana Santa en España no disuada a nadie de darse un baño de multitudes y viajar hasta Sevilla, Córdoba, Valladolid etc mientras que yo, perro viejo, me quedo en casita disfrutando de ver, a los demás, llorar bajo las lluvias y los fríos propios del mes de Abril.

domingo, 21 de marzo de 2010

Le Pen, la bestia renace (ABC)

21 de Marzo


ABC remarca, basado en el ejemplo de los que hace y significa Le Pen en Francia, la absoluta necesidad de que en España no se abran más opciones electorales entre el centro y la extrema derecha. Ese 10 o 12% del lepenismo, según ABC, le otorga a la izquierda unos éxitos y réditos que no tendría si Le Pen se fuera a su casa y mirara, tranquilito, las elecciones por la tele.
Esa postura, conocida desde antiguo, pone de manifiesto uno de los graves problemas de la derecha normal de este país: tiene convivir con los homólogos silentes de Le Pen. En España no hay ningún partido que se denomine de derechas en los parlamentos, pero eso no implica que en España no haya votantes de derechas.
¿Razones para que el ABC levante la bandera roja? Varias, pero me inclino a pensar que la coincidencia entre los discurso xenófobos que empiezan a crecer y a tener concejales en Cataluña junto con una crisis laboral galopante, configuran una suma peligrosa. Paro alto más muchos inmigrantes es igual a descontento; es igual a enemigo exterior, igual a cohesión en torno a un líder capaz de mentir, manipular y señalar al ajeno como culpable de grandes males.
España tiene un partido, el PP, capaz de cobijar muchas posturas que en Europa serían consideradas cuasi fascistas, pero es consciente de que su extensa alfombra no puede cubrir esa basura política. Si los extremistas xenófobos salen de la caverna como han hecho en Vic, el peligro de fragmentación del espectro político a la derecha del centro se hace cierto. Copio literalmente un texto de la prensa más facha de internet: “El presidente de la Plataforma por Catalunya (PxC), Josep Anglada, ha afirmado que su formación, que este otoño se presentará por primera vez a las elecciones autonómicas catalanas, puede convertirse en la clave para formar el nuevo Govern.”
Quince mil ciudadanos catalanes votaron, en 2007, en plena bonanza económica, los objetivos de PxC de forma y manera que sus esperanzas en este momento de crisis no son infundadas y es muy posible que las elecciones catalanas dejen al PP, otra vez, colgado de la brocha. La intransigencia de Aznar dio alas a Esquerra de Catalunya movilizando un voto contrario al PP y en las próximas elecciones los votos se fugarán por la derecha de la derecha.
Y si lo pensamos bien, la cosa es lógica y lo es por la ocupación de un espacio que en Cataluña si tiene dueño: Convergencia y Unió, que reconoce su pertenencia a la derecha tranquila y normal; que apoya a la empresa sin que eso signifique masacrar los derechos del trabajador o de los sindicatos y a los que sólo se les va la pelota con el tema del idioma, trinchera que les separa de un sector de la población catalana que hace de ese apoyo una diferencia irrenunciable.
PxC crecerá y cada uno de los votos obtenidos por estos fascistas nos llenará de vergüenza, como al resto de naciones europeas que acogen a las víboras del fascismo en el seno de sus democracias. Contradicciones del sistema que se mantienen, afortunadamente…

sábado, 20 de marzo de 2010

Casi…

Como es sábado, he tenido tiempo de leerme por completo la traducción que hace un site de la carta del Papa a los irlandeses y debo decir que me parece bien, en general. Cursi, antigua, meliflua, blandita para el lenguaje civil, pero imagino que de una dureza espartana para los usos y costumbres del Vaticano.
Entiendo que pida colaboración a los fieles en penitencias, novenas y demás ritos, pero me gustaría que algún experto en el lenguaje pontificio me aclarara un par de cosas que son las que me hacen titular con ese Casi…
Lo primero que me gustaría haber encontrado más claramente explicado es el trayecto de los culpables hacia los tribunales civiles. Es cierto que les dice que deberán responder ante Dios y ante los tribunales, pero: ¿Qué tribunales? ¿Los eclesiásticos? Esos tribunales mandan a los culpables a monasterios y retiros en los que meditar, hacer penitencia y poco más. Los tribunales civiles mandan a los culpables a la cárcel. ¿Quiere, de verdad, el Papa que los curas pedófilos pasen sus condenas civiles en la cárcel? Sería muy importante que quedara perfectamente definido.
La otra gran pregunta, la que sólo los Cardenales, Obispos y demás jerarquía puede aclarar es si todos los pedófilos y abusadores confesos y ocultos a la justicia secular serán acusados por aquellos que conocen sus culpas en confesión. Este laberinto debe encontrar salida, pues sin ese paso, la iglesia quedará otra vez como un organismo cerrado y autoprotector que, lejos de limpiarse, asume la infección de su organismo y lo esconde, lo oculta y se lo roba a la sociedad civil para perpetuar la ignominia.
La Iglesia tiene la jerarquía y la disciplina necesaria para obligar al delincuente a entregarse y confesar sus delitos y sus faltas ante el juez, pero dudo que lo haga. Prevalecerá el secreto de la confesión; prevalecerá la interpretación más restrictiva de la necesaria comunidad entre el confesor y el confeso, pero no triunfará la verdad y la renovación.
De verdad me gustaría quitar ese casi, me gustaría ver que la Iglesia, siguiendo los brutales consejos de la Biblia, amputa el miembro que le escandaliza y se renueva, abre las ventanas y , antes de dejar entrar el aire fresco, tira toda la porquería acumulada durante siglos.
A ver si se animan y puedo quitar el casi.

viernes, 19 de marzo de 2010

Refugiados

19 de marzo


Llueve, pausada y lánguidamente, en la mañana gris de una primavera ausente de sol. En la semana hemos podido disfrutar unos pocos días de su añorada presencia, pero en este puente se ha vuelto a escapar el sol de nuestras vidas. La modorra del cansancio y el invierno me hacen dar vueltas a varias ideas para esta entrada, sin decidirme por ninguna en particular: etarras que siguen por el camino de la locura estúpida y cada vez más irreal; un misil lanzado sobre Israel que calienta, aún más si cabe, una zona a punto de explotar; el caso Gürtel se complica cuando el juez pide a la policía hacer un barrido en busca de micrófonos (esto cada vez huele peor); Garzón acosado y un invierno especialmente húmedo, el más lluvioso desde 1947, pone en peligro 40.000 edificaciones levantadas en terrenos de agua; correntías, barrancas y aluviales en los que el ansia de dinero y la corrupción generalizada, junto con la inconsciencia, consiguieron poner casas donde el terreno pone, de vez en cuando, corrientes embravecidas que se llevan todo por delante.
Con este panorama, como siempre, giro la vista hacia mis propias sensaciones y vivencias y oigo las pisadas de una perrilla refugiada de última hora que acaba en casa para pasar el puente. Es una proscrita, el único perro que hemos vetado cuando todos mis amigos con chucho saben que pueden contar con nuestra casa en caso de necesidad. Digo que la perra está vetada cuando los proscritos son los amos que no se han preocupado de mover el culo para aprender a educar a una perra normal que añora el trato normal, la disciplina normal, el ejercicio normal y la integración normal en la manada humana.
Me gusta acoger a los perros de los amigos y observar, participando, en cómo cada uno desarrolla su propia personalidad. Cada uno mira y se acerca de una manera; cada uno piensa y se mueve buscando a los amos de una manera; todos buscan la atención a su manera, pero todos agradecen la manada, la normalidad en el trato y la atención del amo como líder supremo y gran manitú blanco.
Las reacciones son muy diversas y curiosas; muy pocos demuestran desesperación verdadera por la ausencia de sus amos (Sólo una perrita, muy ligada a su dueña, lo pasó mal de verdad un par de días la primera vez que se quedó en casa. Ahora viene encantada las pocas veces que disfrutamos de su compañía y de sus carreras tras los conejos.) y la tranquilidad llega, normalmente, tras el primer paseo largo en el que comprueban lo divertido que es saltar vallas, perseguir conejos, oler el campo, jugar con los míos y mojarse en los charcos. Tras ese primer paseo, suele llegar la paz y los dos de casa se desmayan durmiendo acompañados del refugiado que sueña, tranquilo por fin, roncando a pleno pulmón.
Me gustan esos días de integración y descubrimiento de caracteres y personalidades, y la tónica común es hablar mal de los dueños que, con espantosa asiduidad, son los responsables de los grandes pecados atribuidos a sus perros.
Por si alguien con perro lee esta entrada le dejo la receta: siempre igual, mucho ejercicio, mucho cariño y mucha constancia, suelen dar como resultado un perro suave, cariñoso, integrado, feliz y obediente. Por cierto, los malos tratos, palizas etc, suelen dar como resultado todo lo contrario, que no hay que confundir el liderazgo y la autoridad con moler a palos a un pobre perro.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La Ley Andaluza de Vida Digna hasta el final

17 de Marzo



Los titulares de los diarios no dirán lo mismo que digo yo en el de esta entrada. Según su orientación hablaran de muerte digna, de eutanasia encubierta, de asesinato legal etc. Lo que yo creo es que la naturaleza ha resuelto la vida, busca la vida, persigue la vida de forma magistral, pero es indiferente a la muerte y a sus distintas formas.
Para la naturaleza la muerte es algo marginal; es aportación de proteínas, reciclaje de componentes, pura industria, así que no le interesa. A la naturaleza le es igual que te coma un león o que tus tripas se deshagan lentamente: la máquina que sirve a tus genes deja de ser importante una vez cumplida la función.
Somos machos de mantis devorados por la pervivencia de nuestros genes: si dejamos descendencia, si hemos sido capaces de perpetuar a su majestad el gen, el cómo pasemos al otro lado a la naturaleza le importa poco.
Todo sirve a la vida y la muerte es intrascendente; tan intrascendente como lo es el individuo para la especie: nuestra muerte nos importa a nosotros; nuestro dolor nos duele a nosotros; nuestra degeneración nos humilla a nosotros y nuestra muerte, en muchos casos, atenta contra nuestra propia idea de dignidad sin afectar ni al gen ni a la especie.
Soy de los pocos que entienden que el ser humano es, por su naturaleza y por la coherencia de sus ideas, libérrimo en cuanto a la elección de los métodos con los que defender su dignidad. La “dignitas” es un concepto antiguo e impalpable; tremendamente personal. Lo que para unos es aberrante, para otros es glorioso, pero hay un concepto común a todos: el esfuerzo personal que supone mantener la integridad de la propia “dignitas” en el momento de la verdad.
Apurar el sufrimiento hasta el final no es ciento por ciento positivo si aceptamos la posibilidad de que ese agotamiento, esa inercia, responda más a la cobardía por tomar el mando y dar el salto, que al valor de afrontar el sufrimiento y fortalecer el espíritu hasta el heroísmo.
¿Cuántos héroes y cuantos cobardes han compartido el mismo proceso? ¿Cuántos de los que han hecho el mismo camino lo han elegido de forma consciente, libre y comprometida? La respuesta a esas preguntas es tan personal, tan íntima; tiene tanto que ver con la verdadera naturaleza, posición y opción de cada uno, que no creo que haya respuestas universales. Lo que sí creo es que el individuo debe ser libre de optar por lo que considere más coherente y adecuado a su planteamiento vital.
No creo que sea bueno negarle a un ser querido lo que no le negamos a nuestros perros o gatos: exigimos de nuestros iguales que renuncien a su libertad personal en el momento más exigente; justo cuando la vida nos pide dar el máximo de nosotros y demostrarnos, a nosotros mismos, la validez de nuestras creencias. La sociedad nos negaba la posibilidad de elegir libremente la forma en la que realzar el mutis, nos trataba como niños en el momento en el que toda nuestra vida afrontaba el desafío final y nos quitaba las herramientas necesarias para ejercer nuestra opción.
Creo que un suicidio consciente que reafirme nuestra identidad y dignidad; un suicidio rebelde del que dice, claramente, que no quiere jugar un papel ignominioso en su despedida es tan moral, tan ejemplar, como la postura del que, de verdad, asume que el final conlleva todo el catálogo de desgracias.
En mi caso, y asumo la parte cambiante de la visión actual en este punto de mi vida, declaro que no me da la gana de aceptar nada, y digo nada, que implique renunciar a mi propia dignidad, a mi autoestima (escasa, pero autoestima) y a mi naturaleza humana, esa que me permite ser consciente de mi final, de mi vida y de mi propia muerte como un acto libre, egoísta y elevado.

martes, 16 de marzo de 2010

Cuando hay cambios en un gobierno

La entrada de hoy requiere de un pequeño preámbulo, pues se refiere a las sensaciones y meditaciones que escribí cuando Aznar hizo su último cambio en su gobierno. El contraste entre los salientes y los entrantes; las caras, las miradas, las actitudes y toda la liturgia, así como esas pequeñas reflexiones son válidas para todos los cambios y crisis de gobierno, sean del partido que sean. El título lo determina la hra enla que se hizo público el cambio: las siete de la tarde, momento en el que todo se hace público.
Espero que os guste y que os recuerde algún detalle que se os ha quedado en la memoria.
16 de Marzo

Muerte a las siete






Esta tarde, a las siete, acaban los sueños de unos y empiezan los de otros. Esta tarde, a las siete, el rey conocerá - eso nos dicen – la lista de los nuevos y flamantes ministros. Me imagino la escena y me falta la presencia de los “ex”, una categoría incierta que está formada de restos, de olvido y de nostalgia.
Estos ex me producen curiosidad: no sé nada de su vida, pero puedo imaginarme la ruina personal en la que quedan sumidos. La mayoría no tienen problemas: el sistema vela por ellos y por sus nuevos puestos en consejos y empresas; pero algunos se convierten en sombras, sostenidos apenas por su propio recuerdo.
Conviven con sus fantasmas de poder, el motor de una carrera acabada en medio, muchas veces, del escarnio más absoluto. Nos acordamos de las recetas de cocido de una y del bichito suicida de otro: ellos así lo quisieron, pero me dan pena.
Algunos dirán que ya quisieran sus prebendas y consideraciones; pero yo no les envidio la losa de recuerdos, esa continua sensación de “ya no ser” que debe acompañar su frustración. Tuvieron poder, “el poder” y ahora son meras figuras decorativas en la “galería de ilustres”. Han caído de la cima como ángeles en desgracia, se han alejado del sol que calentaba sus vidas y habitarán las tinieblas de afuera. Aún a los peores les podemos otorgar el beneficio de una duda que impulsaba su acción: es posible que quisieran hacerlo bien.
Esto es lo único que les quedará de ahora en adelante: tuvieron la oportunidad y se les secó en las manos. Se perdieron en la intricada red de las acciones perdidas y la política es así de cruel. El cuaderno azul no tiene entrañas y su dueño menos. Una vez usado, el ministro vuelve a la nada y ya no es.
Se cruzarán miradas torvas, harán declaraciones mesuradas y correctas. Algunos, incluso, dejarán unas lagrimitas sobre las sobrias alfombras del despacho, pero esta noche, en la soledad de sus cavilaciones, se darán cuenta de que el colchón no se hunde cuando ellos se mueven. Se habrán convertido en la nada y en la nada habitarán sus vidas. Con un poco de suerte, hasta sus sueños se olvidarán de ellos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Moral Civil

Idus de Marzo


Hay comidas que dan para largo y el otro día tuve la suerte de asistir a una que dio mucho juego. En ocasiones así se pone de manifiesto la necesidad de contar con comensales de nivel; de esos que da gusto oír mientras se permanece calladito y siguiendo el hilo de los pensamientos sugeridos. Bueno, pues hace poco menos de una semana tuve la suerte de escuchar atentamente una muy interesante conversación cuya idea básica me pareció muy valiosa.
Mi amigo comentaba, muy tranquilo y sin alharacas, que la corrupción política, institucional, personal y social era consecuencia del abandono de una moral pública católica que había sido impuesta de manera forzada, sin que una moral civil, asumida y participada por todos, hubiera tomado el relevo.
La derivación directa es que el ciudadano medio se ha encontrado cazando en un coto de abundancia sin limitación alguna de la pertinente ley de caza. No hemos generado una moral colectiva; una norma común que haga que se interioricen los valores de forma tranquila y fiable.
Si a eso añadimos que el español, todos los españoles, hemos vivido siglos enfrentados al concepto de estado; que siempre hemos desconfiado de la autoridad, de cualquier autoridad, dando por hecho que aquellos que detentaban el poder nos perjudicaban de forma sistemática, el desastre está servido.
Somos reacios a lo colectivo; somos individualistas como los cazadores oportunistas. La delincuencia, dirigida contra el poderoso, se ha visto con comprensión cuando no con envidia. Los Dionis, los bandidos generosos, el que mete la mano en la caja no es un inmoral, es uno que ha aprovechado la oportunidad, “como haríamos todos”. El dinero del estado no es dinero de todos, es un dinero etéreo, sin dueño y en consecuencia, el corrupto no es castigado con la deshonra pública. En el fondo, el corrupto, el Julián Muñoz de turno, es más admirado por el pueblo que exhibido como un monstruo de codicia e inmoralidad. Algunos luchamos y decimos que no; que el individuo es la fuerza; que una sociedad de hombres íntegros es una sociedad indestructible, pero a medida que bajamos la escala social la corriente dominante es contraria y la reacción habitual es de apoyo al delincuente. Es lamentable, pero es la única explicación posible a la reelección de cargos notoriamente corruptos. Jesús Gil, Fabra, Camps… ¿Hay que seguir?
La sociedad necesita un cuerpo ético común, una ética civil que mande al chorizo exactamente donde debe estar: en la cárcel.

Idus de marzo del 44 A.C. La mediocridad asesina a aquel que quiso hacer grandes los sueños de los que luchaban por conseguirlos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Y Obama se miró al espejo…

14 de marzo


Leo en El País un extenso artículo sobre la corriente de exhibicionismo que se desarrolla en los USA. Bajo el slogan de “un derecho que no se usa, es un derecho que se pierde” los americanos mas americanos de todos, esos que responden al estereotipo de la bandera confederada , pelo corto y barbacoas en el jardín, exhiben sus armas cortas en público para recordarnos a todos que ellos siguen viviendo en la frontera.
Es un derecho válido, dice el artículo, en 43 de los 50 estados, porcentaje espeluznante para un europeo normal firmemente convencido de que esos juguetitos son peligrosos per se, pero que los que las compran y usan, son mucho más peligrosos todavía.
La corriente toma fuerza anticipándose a la remota posibilidad de que la administración demócrata restrinja el uso y endurezca las condiciones de compra. ¿Alguien ha entrado en las tiendas de armas de USA? Acostumbrado a ver armas en El Corte Inglés y en tiendas dedicadas a la caza en España, el contraste es espectacular. Aquí las escopetas y los rifles se muestran como se muestran las obras de arte, con sus cañones pavonados y sus grabados en las placas de plata de los guardamanos. Rifles Express que son unas muestras de artesanía preciosas cuyo precio, prohibitivo, habla de actividades muy selectas y restringidas. Si alguien quiere hacer la prueba, verá que la impresión general no es violenta, no hay agresión latente, hay una cierta concepción de deporte que lo impregna todo como una corriente subterránea.
Si hacemos lo mismo en USA, el estómago se pone de punta inmediatamente al entrar en cualquiera de las enormes tiendas abarrotadas de armas - largas y cortas - cuya función se revela clara y sin tapujos: matar seres humanos, ni más ni menos. En paredes y armarios se ven armas militares que reconocemos de las películas, todas colocadas tras unas gruesas rejas, muy carcelarias ellas.
¿Cuál es la razón de este resurgimiento del barbarismo más extremo? Sólo una: que en la Casa Blanca se ha instalado un Presidente demócrata que está sufriendo lo que ninguno de sus predecesores ha tenido que sufrir. Se le ha discutido todo, hasta la nacionalidad. Le han llamado terrorista filoterrorista; le han llamado asesino Stalinista sólo porque intenta que un 30% de los estadounidenses no mueran sin asistencia sanitaria por el hecho de ser pobres y no poder pagar seguros prohibitivos. A Obama le han tirado con todo y ahora movilizan ese atavismo de las pistolas en su contra; lo peor de un gran país se moviliza apoyado por los medios más reaccionarios, intransigentes y neofascistas; el moderno KKK quema sus cruces en los platós en lugar de quemarlas en los campos de Alabama.
La América profunda, esa que consigue darnos miedo desde las películas americanas pide atención desde hace meses; no quiere que pensemos que está dormida u olvidada. Se ha puesto en marcha y tiene apoyos, muchos apoyos que desean lavar la ofensa de haber perdido el poder. Mientras tanto, Obama se ha mirado al espejo y ha descubierto que es negro; que sigue siendo un negro que se enfrenta, casi en solitario, a las más profundas raíces del odio.

sábado, 13 de marzo de 2010

El cóndor pasó

13 de Marzo

Un documental espeluznante de Canal Historia me hiela el alma y me llena los ojos de horror. Se trata de la primera parte de un trabajo que se llama Operación Cóndor, la coordinación de las dictaduras militares de BRASIL, CHILE, BOLIVIA, ARGENTINA, URUGUAY y PARAGUAY para perseguir, detener, torturar y matar a los izquierdistas detenidos en cualquiera de estos países; siempre con el silencio cómplice de la CIA y aplicando los manuales militares de la Escuela de las Américas.

Años después nos hemos ido enterando, rozando apenas el espanto, de lo que estos asesinos hicieron; de la dominación forzada de la población; del silencio impuesto a las familias y al final, la pesadilla de las adopciones de los hijos de las detenidas por parte de los mismos que habían violado, torturado y matado a sus madres.
Hay equivocaciones –y los movimientos izquierdistas de la época tuvieron muchas en forma de asesinatos, medio -guerrillas y demás – pero cuando el estado, perdón el Estado, así con mayúsculas, se pone en marcha, aplica poder y método, capacidad y recursos a subvertir las normas mínimas de convivencia, el horror lo sobrepasa todo. Al igual que sucedió en la Alemania nazi o en la Rusia de Stalin, la enorme capacidad del sistema aplicada sobre el individuo sólo puede acabar de una manera: con el aplastamiento del individuo, pero el tránsito es terreno para el desarrollo de los peores ejemplos de crueldad, sadismo y degeneración del espíritu humano.
Años después hemos conocido casos inconcebibles que ningún ser humano normal puede siquiera imaginar. Curas que daban la extrema unción a narcotizados prisioneros que iban a ser tirados al mar desde aviones, violaciones de adolescentes, torturas y picanas cuyos efectos, todavía hoy, marcan los cuerpos con espantosas cicatrices y cuyo dolor se perpetúa para evitar el olvido.
Es un espanto de tal magnitud que los que no lo vivimos no podemos ni siquiera imaginar. He conocido algún caso personalmente y su ejemplo es tan enorme que no parece humano. Son gente que, a pesar de conocer el infierno y haber transitado sus caminos y más profundos valles, son capaces de mirar a la vida de frente y sonreír y vivir, y remontarse y mantener el recuerdo de aquellos que se quedaron en la noche y no volvieron del espanto.
A todos esos héroes, a todas esas vidas perdidas y a las recuperadas por la memoria de los compañeros, gracias; por vuestro ejemplo, por vuestra fuerza y por ser capaces de seguir amando. Sinceramente, creo que es la mejor venganza que se puede ejercer sobre aquellos que intentaron matar vuestras vidas, vuestros recuerdos y enterrar el inmenso amor por los amigos bajo la ignominia del olvido.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes

12 de Marzo



Desde primera hora de la mañana se ha extendido el rumor de que Miguel Delibes ha fallecido. Debo ser de los pocos que, aferrado a los hechos y a la verdad de la historia, niega que esa macabra historia pueda ser cierta. Veamos los hechos:
Miguel Delibes es autor de un inmenso número de magníficas novelas. (El que dude de la inmensidad de su número, que trate de escribir una novela, solo una, aunque sea mala. Luego mire esa larga lista y sus dudas se habrán disipado.) Miguel Delibes se ha comprometido a poner su nombre a un premio de periodismo y ha firmado su compromiso por muchos años, sin darle importancia al paso del tiempo.
Lo único cierto de toda la historia con la que los medios nos bombardean a lo largo del día es que, como siempre, muy educado, ha excusado su presencia en las sesiones de la Real Academia de la Lengua que, como se desarrollan en Madrid, se ha rendido a la tentación de no abandonar Valladolid con demasiada frecuencia. Cosas de la edad.
Miguel Delibes no ha muerto y sigo describiendo los hechos de una manera objetiva y desapasionada: el castellano también mantiene su contrato de interdependencia con Miguel Delibes y nos confirma que no se ha producido ningún incumplimiento de parte. Es más: el mismo castellano nos ha manifestado que suele evacuar frecuentes consultas con el autor cuando le entran dudas sobre el uso de ciertos términos ya poco habituales.
Delibes vive todavía y vivirá mientras haya un sólo humano que hable castellano; y digo castellano y no español, de forma habitual, como homenaje particular a este escritor y no como concesión política a las periferias. Todos los que alguna vez hemos envidiado sus párrafos; la limpia estructura de su frases, la extensión de su léxico y su oportunidad al usarlo, sabemos, con absoluta certeza, que Delibes no ha muerto.
Delibes se consagró en el Olimpo de los inmortales hace años y lo habitará “in aeternum”, pues alguien que ha llevado de la mano a tanta gente por los campos y las tierras de Castilla, siempre encontrará otra mano a la que guiar hacia la sombra de una nogala donde contarle de la vida de la perdiz roja; del adiestramiento del perro y donde pasar las horas recordando una tierra en la que el hombre y los campos se hacían compañía sin pelearse.
Hoy, los cortos vuelos de la perdiz son más altos, como si quisieran acompañar hacia arriba al que más las quiso y los perros hacen una muestra extraña: parados sobre las dos patas buscan los altos vientos de un espíritu que habitará, por siempre, los arados campos de una tierra que era suya.

jueves, 11 de marzo de 2010

La Ley del Sentido Común

11 de Marzo


Ahora, muchos años después de que España recorriera el delgado alambre de la transición, me cuentan una historia que viene a confirmar una teoría antigua y muy personal que es considerada muy incorrecta. Lo que sostengo, básicamente, es que la transición se hizo porque no intentamos diseñar un plan estratégico complejo y definido; porque nadie intentó aplicar un manual de instrucciones venido de no se sabe dónde. Se hizo sabiendo que lo importante era no acabar a bofetadas y se hizo porque la izquierda, básicamente, puso su norte en la democracia y no en la justicia, pero se hizo. Gracias a esa carencia de planes estrictos la cosa transcurría “manga por hombro”, pero a satisfacción de casi todos y sin tocar demasiado las narices a quienes mantenían una peligrosa tendencia a salvarnos a todos de nosotros mismos.
En estos días estamos viendo los múltiples problemas que acarrea la aplicación de la famosa Ley de la Memoria Histórica y me gustaría comparar estas tensiones con los tranquilos resultados que tuvo la aplicación del sentido común y la búsqueda de la línea de menor resistencia.
Si nos retrotraemos a 1989, a la ciudad de León, el paisaje ciudadano nos recordará a las películas costumbristas del estilo de Mi Querida Señorita, con sus matrimonios de paseo por el centro, los vinos de domingo a las dos, señoras del ropero de la parroquia y algunos melenudos que protestaban de vez en cuando por no se sabe muy bien qué.
En ese paisaje y paisanaje aterriza un alto cargo de la Administración que tiene que ocupar las dependencias oficiales decoradas con el innoble escudo al que muchos llamábamos, y seguimos llamando, “del aguilucho”. Este alto cargo, henchido de espíritu democrático ya consagrado y superviviente del 23 F de 1981, decide quitarse esa constante fuente de sarpullidos dérmicos y empieza a evacuar consultas técnicas cuyo fin último se dirige a llevar el puñetero escudo al vertedero más próximo, pero sin que se note demasiado.
Los arquitectos estudian, miran planos, dan vueltas: se les nota incómodos con el encarguito y empiezan a marear la perdiz con las cargas estructurales, la junta de la trócola y la resistencia de los materiales. Hay que recordar que los arquitectos pertenecen a las fuerzas vivas y a las “familias de bien de toda la vida” y pueden verse señalados de por vida como los ejecutores de Franco.
En ese marasmo de indecisiones y falta de firmas, a mi amigo se le ocurre llamar a otro amigo (¿que sería d este país sin los amigos que tienen amigos?) que se dedica a la escultura y que no tiene problemas para ayudar a la mejora del paisaje ciudadano quitando de la vista al susodicho esperpento. Dicho y hecho: se encargan los trabajos de limpieza de fachada, se ponen los consabidos andamios y lonas y para sorpresa de todos, cuando todo aquello se retira, el escudo se ha transformado y lo que ahora luce en la fachada es un magnífico escudo constitucional. ¿Cómo? Repasemos una imaginaria transcripción de la conversación sobre el tema:

a.- Chico: ¿tú sabes cómo cuerno me puedo cargar el escudito de las narices? Me tiene frito y no lo consigo.

b.- Déjame ver….Sí, seguro: sin problemas. Si me pones un buen andamio te lo camuflo con resina de color bronce y lo convertimos en un escudo constitucional con todas las de la ley.

a.- ¿Me lo juras? Así, ¿tan fácil?

b.- Hombre, no jodas, tan fácil no, que hay un curro de bigote; pero vamos, en una semana, lo tienes listo.

a.- ¿Cuándo empiezas?
Sin alharacas, sin ruidos ni toques de fanfarrias, sin multitudinarios actos de fe; actuaciones como esta se hicieron miles y España cambió, la luz entró por las ventanas y nos acostumbramos a que el otro también podía tener razón.
A todos los que en silencio y trabajando nos hicieron sentirnos orgullosos de lo que habíamos hecho entre todos, muchas gracias. Aunque lo hicieran sin un plan estratégico elaborado por una importante consultora americana.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Ilusión, motor del mundo

10 de Marzo

Reconozco que soy un iluso, que la ilusión me mueve y me renace cada día; que me creo a mí mismo siendo capaz de hacer, de imaginar y dar el inmenso salto que media entre la idea y lo real. La ilusión me mueve y espero que me mueva siempre, hasta el momento final, sea cual sea, bajo la forma que sea, quiero transitar con ilusión; ilusión de saber y comprobar o ilusión por descubrir la amplitud de mis errores.

No entiendo la vida sin ese motor, sin ese generador de movimiento que es la ilusión y cuando me ha faltado; varias veces me ha faltado, mi vida ha entrado en crisis. No concibo, así me va, trabajar sin ilusión, sin el ánimo dispuesto a recrearse cada día buscando lo mejor, lo más idóneo, lo adecuado. La racha personal no es buena, espero que cambiará, pero puedo jurar que cada día, sin faltar uno, me levanto de la cama con la ilusión de hallar la clave, la solución que me permita despegar.
Sé que lo real no es así; que la ilusión se acaba, dicen, pero vivir sin ella, sin ese diario empujón que hace que el mundo parezca asequible, adecuado y habitable, se me antoja una verdadera pesadilla. Durante toda mi vida he mantenido la ilusión en lo que hago y lo he hecho hasta el final.
Han sido otros, no yo, los que se han encargado de desmontar, como si de un puzzle se tratara, las piezas que yo iba montando hasta que han ganado la partida: cuando ellos destruían más rápido de lo que yo podía construir, la cosa se vino abajo y me fui. Así de simple: si no estoy a gusto, si hacer mi trabajo se convierte en algo vacío y sin alma, recojo mis cosas, escribo una carta y digo adiós.
No es buen método y lo reconozco, pero los que me conocen también conocen los síntomas que preceden al adiós; y deben ser notorios, porque ellos me lo anuncian antes de que yo, empeñado en la pelea, me dé cuenta.
Creo que hay que levantarse cada día a ganar el día; a ganar y generar ilusión, trabajo bien hecho y adecuado a tu proyecto, aunque fuera haga frío y llueva; que hiela con ganas. Y si haciendo eso, el mundo – recordemos los enemigos del catecismo, el mundo, el demonio y la carne – nos gana la mano, como buenos romanos modernos deberemos reconocer su triunfo, pero que se lo va a tener que currar con ganas, eso es seguro.

martes, 9 de marzo de 2010

Los Paletos de mi casa

9 de Marzo
A pocos metros de la linde de una escombrera, donde mi casa habita y planta sus reales, enraizados por arte de su tesón y cabezonería, dos arbolitos han ido viendo el transcurrir de la vida familiar. Apenas dos varas de un metro salvadas por mí del ansia asesina de jardineros y visitantes que despreciaban su belleza.

Ya crecidos y hermosos, estos dos olmos, a los que en casa llamamos paletos, se han enfrentado a su primera poda con entereza: al primero lo rapamos el año pasado y al segundo, misterios de la jardinería, este invierno, de forma que afronta su primera primavera desde la sequedad de unos brazos desnudos y cortos.
Nuestros dos paletos nos conectan con el paisajismo antiguo de la zona, donde esos olmos –para muchos del pueblo, olmas – no tienen más utilidad que su belleza. Habitan las lindes de las fincas y dan sombra al ganado, pero no se les conoce más servicio que ese. Por lo menos, nadie me ha dado otra utilidad, pero conforman un paisaje antiguo y centenario.
Por aquí se les poda dejando un tronco de mucho porte del que sale una melena de ramas en forma de brocha. A fuerza de podas y años, el tronco principal abre hendiduras y refugios para pájaros y zorras, su corteza se quiebra en fragmentos muy pequeños y las copas ofrecen sombra y descanso cuando sol amenaza con rajar las piedras. Estas olmas acompañan la valla del antiguo recinto de El Escorial de Felipe II, inmensa construcción que deja separadas del mundo unas fincas preciosas y bien cuidadas.
Esos dos arbolitos –árboles ya con el pasar de los años – sólo han hecho una cosa mal y no es su culpa. Han crecido con una separación equivocada que no permite colgar hamacas, como si velaran por las antiguas costumbres y no quisieran que el lento balanceo del Caribe dulcificara las duras costumbres del pastoreo, la siembra y la mezquina cosecha. No es ésta una zona de molicie y mis paletos lo saben, así que nada de dulces siestas al sol de Junio, que hay que faenar por los campos buscando, de cuando en cuando, el merecido solaz de un trago de la bota a la sombra de las olmas.
A nadie le gustan demasiado, pero a mi sí: me deben la vida como yo les debo los estupendos momentos en los que, a su sombra, he visto crecer a mis hijas, hacerse mujer a mi mujer y madurar la dulce entrega de mis perros a su destino de cariño y compañía. Siempre he pensado que era un intercambio justo. Ellos, también.

lunes, 8 de marzo de 2010

De frenopático

Una mujer se vio obligada a ponerle ropa a un muñeco de nieve ante la denuncia de un vecino.
8 de Marzo
En un pequeño pueblo de Nueva Jersey, Rahway para más señas, una vecina con aficiones escultóricas se ha visto obligada a ponerle los refajos a su obra, una réplica de la Venus de Milo. Alguien, un vecino –siempre hay vecinos para todo – llamó a la Policía denunciando el escándalo y el mal ejemplo que el provocativo helado suponía para la comunidad.
La reacción de la escultora me parece ejemplar y muy adecuada al esperpento, pero es que hay pararse a pensar muy tranquilamente en lo que subyace en el titular de la noticia. Lo primero que llama la atención es la incultura del mengano y lo necesitado que anda por la vida. Lo que la foto deja entrever, así, sin fijarse mucho, es que en el tal pueblo hace un frio de toma pan y moja y en lo último que una persona normal y corriente piensa cuando cae la que se ve que ha caído en el pueblo, es en la cosa del fornicio al aire libre. Una cosa es una cosa y otra cosa, es otra cosa. Vamos, que ver la reproducción de una pobre mujer accidentada, sin brazos y sin cabeza pueda considerarse como algo provocativo es como para hacérselo mirar, que hay que estar muy mal del tarro, so cochino.
Eso en el plano privado, que lo del terreno público y el papelón de la Policía, también es de nota. Entiendo que el servicio público tiene muchas obligaciones, pero eso de tener que aguantarse la risa y permanecer muy serio mientras el probo ciudadano enumera las razones de su indignación, es para que les pongan una medalla.
Y por si esa demostración de autocontrol no fuera suficiente, todavía les quedaba el último trago: ir a casa de la artista a decirle que un vecino pensaba que era una guarra pervertidora de almas. Me encantaría conocer el contenido de la conversación, pero me malicio, visto el resultado de la charla, que la cosa debió transcurrir cerca del esperpento y el más absoluto cachondeo. Si la cosa no hubiera sido así, me imagino que lo del pareo y la parte de arriba del bikini, hubiera acabado en Burka.
Para acabar un poco en serio: ¿De verdad alguien sano de mente y espíritu puede ver algo nocivo, perverso, sucio, denigrante u obsceno en esa estatua?. Entiendo, o mejor, me he acostumbrado, a que el cuerpo humano sea fuente de vergüenza y controversia, que nos ofenda el desnudo pero no la violencia o la exhibición de conductas abyectas, pero por favor, ¡un muñeco de nieve! Y que la policía dedique su tiempo y sus recursos a esa idiotez es abrazar lo esperpéntico.
Se puede ser puritano, religioso, inculto y tocapelotas, pero no se puede tener tanta mierda en la cabeza, lo siento. Como en los mejores tiempos de nuestra pasada censura lo peor, lo más abyecto, sucio y podrido, habitaba en los ojos del que veía lo que sólo él, con su enfermiza mentalidad, podía ser capaz de concebir.

domingo, 7 de marzo de 2010

Mañana, el día de todos

7 de marzo
Dice el calendario oficial que mañana, día 8 de marzo, es el Día Internacional de las Mujeres. A ver si yo me aclaro: ¿Mañana es el día de la mitad de la humanidad? ¿La mitad de la humanidad debe protegerse de la otra mitad? ¿En los albores del Siglo XXI miles de millones de seres humanos necesitan ayuda, protección, cuidado, valoración pública y privada e ingentes cantidades de respeto y dignidad? Lamentablemente, la celebración de ese necesario día quiere decir eso y muchísimo más. ¿Hacemos un repasito de algunas de esas carencias y necesidades?

Lo primero que hay que definir es la normalidad y eso ya consigue dibujar una foto espeluznante. Desde nuestra perspectiva de europeos modernos y civilizados nos equivocamos pensando que la mujer vive como vive en nuestro entorno, que lo normal es eso y que hay que arreglar “pequeños detalles” que si bien son muy llamativos, tampoco afectan a un alto porcentaje de mujeres. Primer error y además, muy grave. Somos una excepción, un pequeño paraíso de ensueño para la gran mayoría de las mujeres del mundo.
La opresión femenina es resultado de la conjunción de varios factores, pero como me resulta imposible repasarlos todos en tan poco espacio, creo que es mejor centrarnos en dos temas claves: la religión y el “machismo imperante”.
La consideración religiosa de las mujeres es dantesca. Ni hindúes, ni mahometanos, ni sintoístas ni…otras muchas religiones ven problema en relegar a la mujer a una situación de inferioridad con respecto al hombre ni se plantean cambios al respecto. Todavía se siguen arrojando viudas a las piras crematorias, mutilando los genitales de cientos de miles de niñas, ejecutando cientos de “crímenes de honor” y sin llegar a esos extremos, millones de mujeres sufren diariamente el desprecio, la vejación, la violencia física y la constante presión de los hombres que se creen superiores a ellas.
En cuanto al machismo, es una insidiosa lacra basada en la dominación física, sin elaboración intelectual o metafísica alguna, es sólo fuerza bruta aplicada sobre el más débil. España vive los coletazos de ese machismo atávico y ancestral que gotea su agonía en forma de asesinatos de mujeres con los que no se acaba; nunca se acaba y su vergüenza nos alcanza cada pocos días. Lo he visto en Sudamérica en todas sus formas; he visto a las mujeres y a las niñas ocupar el segundo plano de la jerarquía mansas o rebeldes, pero inferiores a los ojos de los machos. Me han llegado, como a todos, fotos, noticias de televisión y reportajes extensos en los que burkas, llantos, madres y mujeres desplazadas desgarran el alma desde su miseria, su opresión y su desgracia.
Mañana es el día internacional de la mujer y yo digo que es el día en el que deberíamos iniciar el camino de nuestra salvación como especie; una especie que no podrá alcanzar el equilibrio como tal mientras sus mujeres sufran violencia, desprecio e injusticia. Mañana es el día de todos, ni más ni menos.

Violación

13 de Diciembre

Hay frases que se convierten en auténticas tumbas para la evolución de la humanidad. Una de ellas es la que afirma, como si fuera un axioma inmutable y permanente, que la prostitución es la profesión más antigua del mundo. La prostitución no es una profesión, la prostitución es una maldición, una lacra que maldice a la mujer en la misma medida que condena al hombre al ejercicio de un papel miserable y odioso.
No me voy a colocar como posible modelo de nada, pero jamás he estado con putas, primero asumiendo un condicionamiento mental que respondía a los relatos del barrio chino de Barcelona donde mi padre debía perseguir a las pupilas para hacer las correspondientes pruebas sanitarias para poder sellar el carnet de prostituta libre de enfermedades de transmisión sexual. Las imágenes de los clientes haciendo cola para “aliviarse” me persiguieron, en mis veinte añitos, con la imagen asquerosa de catres sudados y la eterna seguridad de llevarme puesto el recuerdo de los predecesores.
Tras la defensa sanitaria de mis gónadas, vino el convencimiento de que pagar por el sexo es cambiar la dominación física de una violación común y corriente por la dominación que permite el tener dinero. Se argumentará que hay una opción puramente libre y personal que debe asegurar el libérrimo derecho a ejercer la prostitución y no lo niego, pero con demasiados matices como para hacerlo viable.
En primer lugar, el porcentaje de putas libres es tan pequeño que casi desaparece de las estadísticas dominadas por el horror: la trata de blancas, las mafias de pasaportes robados, las redes internacionales, la compraventa de niñas y niños condenados a una vida miserable y oscura y…son tantos los ejemplos de esclavitud, violencia y daño que la relación sería inacabable. Frente a estos millones de vidas perdidas y robadas, algunas putas de lujo levantan la bandera de su libertad mientras las sociedades, de forma casi unánime, miran hacia otro lado.
Debe acabar. Debemos terminar con esta moderna esclavitud que persiste porque los gobiernos y los cuerpos de seguridad callan, participan del negocio o miran hacia otro lado. Hay que machacar el mensaje de que la esclavitud sexual se mantiene gracias a que hay guarros que pagan para acostarse con menores, con negritas con buenos culos o con lo que sea.
Hay que ir a las cabezas y cortarlas. Hay que buscar el dinero y agotarlo. Hay que echarlos del mundo. Hay que decirles a los que cuentan sus aventuras con las putas que son unos miserables y que las bromas con ese tema no hacen gracia, que dan asco y que los colocan, para nosotros, en el mismo nivel que ocupa lo peor de nuestra sociedad, que son basura y que su dinero mantiene la estructura del horror.
Emma Thompson ha encabezado la presentación de una exposición que nos enseña el espanto en el que una pobre chica tuvo que vivir años enteros. Su vida transcurrió en un constante infierno cuyas llamas aviaron, polvo a polvo, todos aquellos que pagaron por su cuerpo mientras su alma lloraba, en silencio, por la libertad perdida.

Agradeciendo la discrepancia

Un amigo me manda este comentario a la entrada sobre los perros y la caza que agradezco y valoro porque explica, de una forma perfecta y llena del mejor sentimiento, lo que yo siempre he esperado encontrar en la relación entre el cazador y su perro y que, lamentablemente para mi, nunca he encontrado.
Es más, debo decir ( y digo) que la única razón que me impulsaría a cazar sería la de ver a un buen perro de caza ejecutar su trabajo, espectáculo al que he asistido un par de veces y me parece realmente soberbio.
Gracias JM por tu aporación y por dejarnos ver el cariño, la amistad y la admiración hacia ese amigo que tan buenos ratos te ha hecho pasar.
Sólo dos puntualizaciones:
a.- El chiquitín es chiquitina
b.- No entiendo que todo el que va por el campo con una escopeta sea  XXXX, pero que lo que me encuentro habitualmente está dentro de esa lamentable clase, no te quepa duda. Deberías ser los que amais la caza los que os librarais de esos perniciosos elementos.  Sería estupendo, de verdad.

Cito textual con permiso expreso del autor:

"Siento decirte, pequeño saltamontes, que creo que estás bastante equivocado en tu apreciación sobre el trato del cazador a su perro. Desaprensivos que tratan mal a los animales, y al perro en particular, los hay y muchos. Y entre los cazadores también. Por desgracia el maltrato al perro está a la orden del día en muchos ámbitos que supongo tú conoces igual que yo: en el medio rural, en las casas de ciudad, en los chalets de lujo… El abandono de fieles canes en cunetas, gasolineras o en pleno campo, ha estado siempre a la orden del día al inicio de cada verano, cuando el perro deja de ser el juguete del niño, por ejemplo, y se convierte en un estorbo para las vacaciones. Un cazador (ojo, un cazador, no un hijo de la gran puta) nunca haría eso con su perro por inútil que le resultara incluso para cazar. Un hijo de puta, por el contrario, hace esto incluso con su madre, y la suelta en un hospital camino de Alicante.

Me parece que el no compartir el espíritu del cazador de escopeta, o quizá del cazador en general, cosa que entiendo perfectamente y me parece de lo más respetable, te lleva a verle como una especie de salvaje sin ningún tipo de buen sentimiento hacia su fiel amigo. Desde mi experiencia, esa es la excepción, no la norma. Tu ejemplo de la llave inglesa me parece válido para esas excepciones, en ningún caso para la generalidad que yo he conocido. Tu visión está verdaderamente alejada de la realidad que yo he vivido, empezando por mi propia casa, a la de mis padres me refiero, y la de muchos parientes y amigos. Siempre hubo un perro de caza en mi casa, desde antes de que yo naciera, durante toda mi infancia y adolescencia y hasta ya bien mayores mis padres. El último, un pachón navarro entrañable, loco y simpático como él solo, e inútil total para la caza, pues se excitaba y disfrutaba tanto cuando venía de cacería que era absolutamente imposible sacarle de su “colocón” particular que pillaba ya el miércoles o el jueves, cuando se limpiaban las escopetas y empezaba a ver cierto trasiego típico de que el fin de semana iría de fiesta, y que soltaba en el coche de vuelta a casa, para pegarse dos días tumbado junto al radiador, con sus patas “aspeadas”, que tratábamos de curarle paciente y cariñosamente todos en mi casa .
Sin ser un apasionado de la caza menor, sea en ojeo o en mano, y no gustándome nada la caza mayor, reconociendo además que respecto a ellas vivo una más de mis contradicciones de cosas que me gustan pero que muy posiblemente deberían estar prohibidas, y seguramente estaría de acuerdo, como los toros o el boxeo, tengo que reconocer que el tener un padre cazador (y te prometo que si algo bueno tuvo mi padre fue el ser una bellísima persona) nos hizo disfrutar a mí y a mis hermanos de maravillosos momentos de campo, de amistad, de fantástico ocio, en compañía de hermanos y primos de mi padre, o sea tíos, amigos, sus hijos, etc., muchos de los cuáles no tenían perro, pero muchos otros sí. Y te aseguro que, salvo escasas excepciones, los que sí lo tenían, o teníamos, mejor dicho, disfrutábamos enormemente de ellos y ellos de nosotros. He vivido situaciones en que todo un grupo de cazadores censuraba y afeaba el mal trato que ocasionalmente alguno del grupo le daba a su perro. He visto, y en mi casa tuvimos uno por cierto, perros que eran verdaderos monstruos del instinto y de la inteligencia. Pero también he conocido, y sufrido, auténticos “zotes” para la caza, como nuestro pachón “Cus” por ejemplo, gamberros y alborotadores maravillosos, incapaces de contener su alegría y excitación a los que “o dejabas o matabas”; y por supuesto, no sólo no los matabas, sino que los querías igual o más, y desde luego, los disfrutabas de igual modo.
Lo que yo viví durante al menos 15 años de ir con cierta asiduidad a cacerías, de perdiz principalmente, no tenía nada que ver con escenas de perros apaleados, maltratados, asustados, etc. En muchas casas de cazadores amigos o parientes, siempre hubo perro, que por decirlo de alguna forma “era uno más” o a veces incluso era “el niño de la casa”, mimado hasta la nausea. Y curiosamente, a medida que esta gente iba dejando de ir a cacerías por unos u otros motivos, en la mayoría de los casos que conozco no sólo no se prescindía del perro, sino que si moría, había que hacerse rápidamente con otro.
En fin J, que como dijo Antonio Vega en una maravillosa canción, “cada uno su razón”. Y una cosa es que te den por riau los cazadores y sus tiros, que tus perros y tú vayáis mucho más felices por el campo durante la veda, y otra que todo el que le dispara a una perdiz sea un cabrón con pintas. Bueno, igual para ti sí, pero no tengo la sensación de que yo te lo parezca.
Abrazos grandes.
J.
Ah, y por supuesto puedes colgar esto en tu blog o hacer con ello lo que consideres oportuno.
Por cierto, que en la foto estáis muy guapos los tres, aunque el chiquitín ya no lo sea y tú ya no fumes, que uno se fija en todo.

sábado, 6 de marzo de 2010

Una herramienta singular (6 de Marzo)

Ha pasado, por fin, la temporada de caza y los paseos con los perros vuelven a ser tranquilos y serenos, sin sobresaltos de disparos y muerte en el aire. El campo ya no conserva el olor de la pólvora suspendida en la neblina del amanecer; la tierra ha recuperado su ritmo pausado y mis perros, ajenos a la excitación nerviosa de la caza, huelen rastros y persiguen conejos que huyen con la seguridad de que no serán alcanzados.
Veo mis perros y paseo con ellos comparando su tranquilo deambular; sus felices carreras y su infantil afición por los charcos con las vidas de los perrillos que, durante la temporada, veo afanarse entre las zarzas. Son perros esquivos, tímidos con el ser humano del que han recibido más daño que cariño; perros que han sido educados bajo el terror al palo y se les nota.
Pienso, mientras sale el sol, en la curiosa contradicción que se esconde tras las narraciones que algunos cazadores hacen sobre sus perros. Hay algunos, muy pocos, que cuando narran la caza parecen narrar la perfecta coordinación del trabajo de un equipo bien avenido. He oído muchas veces esa tensión contenida anticipando el momento en el que el perro ha levantado el conejo o ha hecho una perfecta muestra seguida del certero disparo.
En compañía de una cerveza y un buen auditorio que escuche atentamente, el cazador parece hablar de un amigo entrañable, de un compañero de aventuras muy querido del que no puede separarse ni un minuto, pero esa es una idea falsa; lamentablemente falsa. La realidad, la normalidad salpicada de alguna excepción, es que ese cazador podría hablar con la misma pasión, emoción y necesidad sobre una buena llave inglesa que le hiciera más cómoda la vida en el taller. Me asombra la frialdad, la enorme distancia con la que, acabada la última salida de la temporada, el cazador se separa de su perro para no volver a acordarse de él hasta el primer día de la temporada siguiente.
Pienso en lo que a mí me aportan mis perros y pienso en todo lo que ese cazador, por desprecio, deja de disfrutar y en lo injusto del trato establecido. Ese cazador hereda un trato antiguo y primigenio; una camaradería antigua y feliz de intercambios justos y amistosos entre dos razas. El perro nos ayudó a ser como somos, nos facilitó la caza y el descanso nocturno en campamentos protegidos por su presencia; también pastoreó los ganados que ayudó a domesticar y ese cazador moderno sólo cumple una pequeña parte del trato. Ese moderno tirano cree que cumple su parte dando de comer al perro y se olvida de que el trato comprendía afecto, devoción, dedicación, compañía, fidelidad, generosidad, lealtad y juego en su conjunto; que la comida venía por añadidura.
Me da pena ese perro moderno que se entrega con devoción al cumplimiento del contrato original mientras que la parte humana, miserable y cicatera, sólo le lleva comida a un remoto cercado en el que, junto a otros perros olvidados, hablan de cuando el perro y el hombre conquistaron, juntos, todo el mundo.
Pienso en que, para los cazadores el perro es una sofisticada herramienta mientras que para mí, mis perros suponen una satisfacción constante y cumplo mi parte del contrato disfrutando de cada minuto que paso con ellos.

viernes, 5 de marzo de 2010

A vueltas con los toros. 5 de Marzo

Forges, como siempre genial, resume todo el esperpento que yo he tratado de contar en tantas líneas, en una sola viñeta. Menos mal que siempre hay alguien que de verdad sabe hacerlo para acudir a él.
Publicado en El País el 6 de Marzo de 2010





 


Sigue, crece y se desborda el debate sobre las comparecencias que están teniendo lugar en el parlamento Catalán sobre la prohibición de los toros en Cataluña. La cosa, como era de esperar, se va saliendo de madre y ocupa lugares políticos que, creo firmemente, no son los adecuados.
Unos, pasados de frenada, meten en el discurso la ablación del clítoris practicada en algunos países mientras que otros, vencidos al otro lado, declaran a los toros Bien de Interés Cultural. Como no estoy de acuerdo ni con unos – cobardes a la hora de la verdad- ni con otros, tan oportunistas y demagógicos como los primeros, me voy a meter en harina para intentar explicar, una vez más, las razones por las que deseo, fervientemente, que esas celebraciones pasen a los archivos de la historia.
¿Es un patrimonio cultural? Por supuesto que sí, lo cual no le otorga, de entrada, ninguna categorización positiva o negativa. Hemos tenido, y tenemos y mantenemos, costumbres y usos que comparten esa categoría y que se han olvidado unos, erradicado otros y desaparecidos, simplemente, otros muchísimos. Es un bien cultural contra el que, en su día, predicaron papas y obispos y del que dejaron de ocuparse pendientes de cosas más importantes. ¿Ha generado cuadros, literatura y formas artísticas de diversa índole? Claro que sí. ¿Cambia eso su naturaleza primigenia?. Estoy convencido de que no y podemos encontrar docenas de ejemplos de formas artísticas maravillosas basadas en realidades y hechos deleznables, tal y como muchos trabajos de Goya nos recuerdan cada día. Tampoco me sirve demasiado como argumento definitivo.
Pasemos un rato al otro lado. La iniciativa que se debate es miserable, rastrera, mentirosa y falaz, pues moviliza lo mejor de una corriente generosa, positiva, bienintencionada y ajena a la política, para colocarse mejor ante las elecciones catalanas y sacar votos de cualquier lado. A los que han presentado la iniciativa: son Vds. unos timadores pues, bajo esa bandera de limpieza, han escondido la cobardía de mantener lo peor y menos controlado de las tradiciones populares que se ceban en los toros. Todo eso de los “bous al carré” y similares es lo peor, lo más cutre, cruel, incontrolado, salvaje y deleznable de entre todo lo relacionado con el mundo taurino. Pero como a Vds. les ha parecido que cabrear a los mozos de los pueblos podría restar votos, son tan listos que atacan lo que puede dar votos - lo antiespañol - pero mantienen lo peor de lo que dicen prohibir. Vayan Vds. al cuerno.
En cuanto a comparar los malos tratos animales con los realizados a personas, creo que sobra cualquier comentario. Si el compareciente quería hacer un favor a los animales, le ha salido el tiro por la culata y se ha equivocado de medio a medio.
Volvamos a los del otro lado y a su defensa de la libertad individual para ir ó no ir, ver o ó no ver y demás simplezas. Nadie niega la libertad del individuo en este debate, lo que se niega es que los animales, un animal en concreto, deba estar sometido a vejaciones y sufrimiento para que alguien se divierta ejerciendo una libertad basada en algo tan ruin como es hacer sufrir a un bicho. Tanto es así que cuando no tenemos, como sociedad, más remedio que matar animales para comer, intentamos que esa muerte se produzca de forma que nos deje las conciencias dormidas, que tampoco voy yo a defender el cómo viven y mueren los animales destinados al consumo humano.
Poniendo, de nuevo, las cosas en su sitio: la evolución de las sociedades tiende a olvidar esas formas de diversión y con los toros pasará lo mismo. Hoy, una iniciativa equivocada, falaz y mezquina le ha hecho un favor a los que apoyan a los toros y en cuanto empiece la temporada los tendidos se convertirán en “manifestódromos” de la derecha, con la lideresa a la cabeza en la Feria de San Isidro. Todo eso les dará “vidilla” a los que intentan mantener la bandera de los toros, pero el tiempo y las corrientes sociales dominantes ya han dictado sentencia y los toros pasarán a mejor vida.
Primero pasarán todos los festejos callejeros del estilo de tirar la cabra desde el campanario o ponerles bolas de fuego en los cuernos; alancearlos en el campo, clavarles miles de lancetas, saltos al mar etc. Señores que defienden la fiesta de las grandes ferias y cosos taurinos: ¿También defienden la belleza y tradición cultural de esas salvajadas? No les he oído ni una matización y sería importante que se manifestaran.
Después de esos festejos, se olvidarán del resto y se olvidarán porque dejará de ser negocio y las masas y el dinero buscarán otras distracciones. Tan sencillo como eso. Ojalá sea pronto, pero me temo que lo mal que se ha gestionado esta oportunidad ha conseguido todo lo contrario.
Mientras tanto, sigo reivindicando algo que considero irrenunciable: ni un euro de dinero público para fomentar o mantener nada relacionado con ese nuevo Bien Cultural.