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martes, 28 de septiembre de 2010

Tecnología

¿Dónde hay que firmar?

Hoy cambio de oficina, mudanza sencilla pues hace tiempo que aprendí las ventajas de ir ligero de equipaje. Necesidades sencillas: una mesa, teléfono y...la cagamos, la conexión a internet no funciona y el orden de mi universo laboral se tambalea.
Mi situación actual requiere el control de cuatro direcciones de mail, una agenda en Google y un archivo compartido en Dropbox. Resumen: no se si cortarme las venas o dejármelas largas.
Desde hace años nos hemos entregado a una carrera de simplificación que, paradójicamente, requiere de un altísimo nivel de elaboración tecnológica que nos hace vulnerables como críos cuando algo falla. La verdad es que falla cada vez menos, pero como las consecuencias son mayores, el marasmo en el que nos colocamos, es mayor.
Hubo una época en la que los trabajadores llegaban a su centro de trabajo analógico y se abrían y mandaban cartas, se registraba la correspondencia y los documentos en un registro central, los teléfonos no eran portátiles y las cosas se acomodaban al ritmo asumido por todos. Hoy sólo hay una posibilidad: ahora, aquí, ya, sin excusa.
¿De verdad es lógica esa dependencia de lo inmediato, del momento, del ahora? Me parece que admitiendo una normalidad positiva, hemos condenado para siempre la necesidad de los procesos de reflexión, del tiempo como colaborador del pensamiento, de ese dejar que las ideas y las cosas vayan tomando asiento y lugar en el conjunto.
No digo que debamos llegar al extremo de Volvo, que deja enfriarse los proyectos dos años y si en pasado ese tiempo siguen siendo válidos, los desarrolla; pero tampoco podemos mantener este constante estado de respuesta neurótica ante cualquier estímulo que llega del medio, sea esa la respuesta adecuada o no. Hemos aceptado que hay que saltar oigamos la música que oigamos, con independencia de que nos guste o de que esté bien ejecutada y sin pararnos a considerar que podría ser una conducta excesiva, que todo tiene sus razones y sus entresijos y no es cuestión de dejarlo todo tirado por el primer advenedizo que nos dice hola.
Obviamente, los problemas se han arreglado y puedo colgar estos lloros en mi blog. Deo gratias.

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