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sábado, 30 de abril de 2011

SANTO DOMINGO

CONGRESO SIP (SOCIEDAD IBEROAMERICANA DE PRENSA)
Seguimos con las notas recicladas del cuaderno de viajes.

Complejo turístico Casa de Campo en República Dominicana


En Santo Domingo, mejor República Dominicana, todo ocurre en cinco minutos. La vida entera  se reduce a esa frase sonriente que nadie cree y todos manejan. La R.D. se esconde, a los ojos del turista, tras un muro de lujo y ghetos de verdor. No se cómo son, sólo he podido intuir una pequeña ciudad que, el viernes por la tarde, se preparaba para ser feliz. Y tras esa visión fugaz, vuelta al zoo, al silencio cómodo y la negación de la realidad.
Casa de Campo es un campo de concentración, un agujero negro en el que nos niegan todo bajo la manta del lujo.
Y el lujo cuesta: 50$ por un desayuno, casi 200 por dormir y fuera, el mundo corre por otros caminos, otras risas y otras tragedias intuidas; incluido Tahití, reino del horror completo y la miseria mas absoluta.
El presidente de la republica baila y hace facha de vendedor ambulante; habla como si el auditorio fuera tonto y sus voces no pasan del “merengue now”, única parte cierta de sus mentiras.
Juan Luis Guerra cuenta penas a ritmo de guaracha, salsa, y merengue; pero nadie quiere oír.
Clinton hace un retrato de la miseria sanitaria, educacional y ambiental y nadie escucha.
Somos como somos y  nos perpetuamos unos a otros. Traemos a Clinton al congreso y quedamos bien.
Lo que diga, nos la sopla.

viernes, 29 de abril de 2011

LOS ANDES

Sigue la actividad del reciclaje para hablar de mi primer viaje a Chile y la impresión dejada por la cordillera de los Andes. Impresionante.


Los Andes anuncian su presencia con la huella dejada en la imposible llanura de Mendoza. Desde el avión la tierra aparece comprimida, arrugada en líneas paralelas de riscos esculpidos  por la fuerza. La visión lejana lo equipara a la arena de los fondos que reproducen las olas de la superficie; pero se nota que es roca.
El hombre se ha peleado en esta tierra y las líneas rectas encierran cultivos y ciudades: todo lo que de artificial tiene la recta queda de manifiesto en la falda de la cordillera cubierta por las nubes. Y tras las nubes, estupor.
Los andes son grandes, enormes y nuevos; muy nuevos. La juventud es arrogante, de líneas limpias, sin matices. Aristas dibujadas a cuchillo sobre cimas imposibles y valles cortados que sobrecogen. Más que sobrecoger, acojonan. Y acojonan de verdad. Yo he volado, en un día claro, por encima de los Pirineos y de los Alpes; pero esto es otra cosa. Es la tierra levantando un puño amenazador, es la revelación de una fuerza incomprensible, es la elevación de la venganza, es la leche.
Sabemos los procesos, sabemos la teoría de las placas tectónicas y la deriva de los continentes; pero imaginarse el surgimiento de estos gigantes, la fuerza, el ruido, la destrucción de esta enorme creación va más allá de lo que podemos imaginar.
El avión salva, como puede, las cimas que se notan cerca, más cerca de lo que gusta cuando vuelas y pasa, una tras otra, las capas de nubes atrapadas por la cordillera. Son tantas que quedan estratificadas en un pastel que se atraviesa a ciegas.
Una vez en Chile, los Andes no son los Andes; se convierten en LA CORDILLERA, con ese la de unicidad, de supremacía que se confirma cuando se pasa por segunda vez.
Un poco más de sol y menos nubes y los picos son más claros, los glaciares más azules y los valles más profundos. Siguen siendo amenazadores, fuertes, sólidos y terribles. Parece que el último grito de advertencia de la tierra  se ha solidificado; se ha quedado inmóvil y eterno para recordarnos que el hombre es sólo una pequeña enfermedad en su piel.
Algún pasaremos, pero la  cordillera – LA con mayúscula - permanecerá  impasible, recordando que un día, hace muchos años, algo le hizo cosquillas.
Mientras tanto, los aviones seguirán rompiendo el paso con respeto y, por supuesto, con los cinturones puestos.

jueves, 28 de abril de 2011

TEOTIHUACAN

Sigo reciclando el cuaderno de viaje con un comentario sobre el conjunto monumental de Teotihuacán.

A 50 kilómetros de México se encuentra la historia; los huesos de un pueblo que hace 16 siglos quiso alcanzar el cielo sobre los huesos de los muertos.
La ciudad de los dioses es enorme, con avenidas y plazas de tamaño gigantesco y por encima de ese trazado lineal y matemático, se alzan dos gigantes a los que acompaña una delicada dama de piedra. La pirámide del Sol, 280 metros de lado y 63 de altura se levanta en el medio, con muchos escalones para el poco aire de los 2300 metros del lugar. La pirámide del Sol luce sus huesos descarnados de estuco, como si los huesos de los esclavos que murieron para levantarla recobraran la voz tras siglos de silencio. Es grande, majestuosa y vieja contadora de historias, aunque todavía son muchas las que quedan por contar.
La Pirámide de la Luna parece hecha con la intención de poder contemplar la avenida de los muertos en todo su esplendor, con su trazado perfecto y recto, como pensado para atemorizar a los habitantes de un valle fértil que lograron transformar en un desierto.
Todas las edificaciones sirven a un poder sobrenatural y a él se rinden. Las casas, los enormes estanques, espejos de las estrellas que regían sus vidas.
Obras bonitas, unos conocimientos de los que, otras culturas, tardaron siglos en alcanzar; 200.000 personas cuando Europa no existía apenas y miedo, un miedo que, a pesar del tiempo transcurrido, nos llega al alma y nos impide la alegría completa de unas vistas formidables.
Y la dama de piedra espera, el rostro amable de Quetzacoaltl, la serpiente emplumada, la madre tierra, generosa y amable a la que sus hijos hicieron grande para postergarla luego tras las garras del jaguar. Cuando ese pueblo necesitó el terror, sus jefes militares tomaron el poder y edificaron otra pirámide austera que tapaba el rostro amable de la serpiente emplumada. La pirámide se nos aparece en medio de una plaza – la ciudadela española – formada por los edificios administrativos de los que recibían el diezmo. El pueblo podía ver 365 representaciones del dios incrustadas en las cuatro fachadas, con símbolos del sol, el agua, la tierra y el fuego, los elementos cotidianos de su vida.
Pero la ciudad de los dioses es mucho más; es esfuerzo, calor, ritos ejecutados en la cima del sol mezclando liturgias paganas y cristianas; la inocencia de la pobreza que anhela la intervención divina para arreglar sus vidas. Un pueblo que mira al cielo sabedor  de que los que tienen  el poder, les olvidan.

miércoles, 27 de abril de 2011

TANGO

La espalda sigue tonta y yo amortizo escritos antiguos. Este de hoy corresponde a una cena, como siempre solo, en Santiago de Chile y pertenece a la entrada llamada Mnemografías (una de las primeras entradas de este blog) , cuaderno de viajes por Iberoamérica.

Noche Triste de Carlos Gardel en una grabación de 1918.

Como solo y mi soledad se acompaña de Tangos en un remedo de la calle Caminito. Una pareja, pegada por la cara, baila los pasos de un acto íntimo hecho público por la desvergüenza del tango.
Gardel suena con las imperfecciones de los registros antiguos y algunos se animan para acompañar a los profesionales en la seducción del baile.
Si yo tuviera un corazón,
El mismo que perdí…
Buena letra para un cuelgue.
¿Lo perdí? ¿Lo tengo todavía, perdido en el olvido de los sueños que mi trabajo hizo imposibles? ¿Se perdió en la realidad de una felicidad tangible ajena a los sueños de un corazón que sólo ve lo imposible? ¿Cuántas preguntas le caben a una vida? Probablemente todas. Y le caben todas las respuestas que llenaron las historias, tristes, de los tangos más famosos.
El tango, para ser tango, debe conectar con la miseria anímica del perdedor, del amante rechazado y de la venganza que el destino, fiel al cantor, ejecutará algún día.
Me evado del tango y me voy a dormir. El sueño es un tango quieto que puede bailarse sobre el aroma de una copa de vino que no tiene compañera para brindar.

martes, 26 de abril de 2011

GUITARRA

Como la espalda sigue empeñada en molestar, mantengo la recuperación de antiguas notas.


Cuando la pena impera
guitarra suena,
En la noche triste
guitarra llora
Camino y sueño
guitarra canta 
La guitarra es sentido,
sueño y camino
cuerda y sonido
guitarra suena
Fiesta y olvido
sus cuerdas atan,
las clavijas anclan
siglos de penas
Cuando el alma llora
siempre hay guitarra
sencilla y sola
nota y lamento

Guitarra siempre,
 vida del alma
guitarra triste
voz del poeta.
Siempre poeta
http://youtu.be/sVGS8F0ye1s

lunes, 25 de abril de 2011

Hable con ella (Escrito con motivo de la guerra de Irak)

Como ando bastante fastidiado de la espalda y las contracturas desaconsejan eso de ponerse a escribir, recupero un escrito de cuando la guerra de Irak dirigido a nuestro nunca bien ponderado ex-presidente y actual locuaz, verborreico y venenoso conferenciante Aznar. Todos sabéis que es un personaje al que tengo especialmente atragantado, pero lo que le pido a él, es válido para todos aquellos políticos que avalan la guerra como solución de algo.
La niña de la foto es atemporal y ubicua; encarna, desde mi punto de vista, exactamente eso que forma parte de la espantosa realidad de la guerra, de todas las guerras.
Hay que hablar tanto y con tantos....
Hoy, cuando el norte de Afriva es un polvorín lleno de caciques a punto de caducar, o ya caducados en su utildad, volverán las guerras, las nuevas y las docenas de olvidadas viejas, a llenar los cementerios de niños y de inocentes de los que nada sabremos porque nunca serán noticia. Nuestro mundo convive con miles de muertos cada día que no son noticia. Triste sino el de morir injustamente sin alcanzar, siquiera, la categoría de víctima contabilizada en los titulares.
Foto publicada en El Mundo durante la guerra de Irak.
Espeluznante.

Hable con ella, Sr. Aznar, y dígale que su tragedia tiene justificación, que la liberación de su tierra no puede hacerse sin “daños colaterales”, que con la victoria su vida será mejor y la risa volverá a su rostro cuando juegue con sus amigas en una tierra liberada.
Hable con ella, Sr. Aznar, y cuéntele la verdad: dígale que sus muñones, como sangrientos arados, abrirán una tierra más libre y más fértil por el abono de su sangre. Explíquele que su sacrificio tiene sentido y que Vd., que conoce la verdad, lo puede explicar de una manera racional.
Hable con ella, Sr. Aznar, y asegúrele que puede descansar tranquila, como Vd. descansa todas las noches, con el feliz sueño de la justicia y la tranquilidad moral; dígale que toda lucha necesita víctimas para ser más grande, pero que el fin justifica los medios.
Hable con ella, Sr.Aznar, y demuéstrele la necesidad de su dolor y de su espanto. Seguro que ella entenderá que su vida no cuenta y que, con generosidad, ofrecerá sus piernas por la causa. Seguro que su inocencia no buscará injustificados argumentos pacifistas para intentar conservar la integridad de su cuerpo. La infancia es generosa y nos enseñará a todos que unos pocos miembros no son nada, que sus vidas no son nada y que el sueño de libertad no tiene precio.
Hable con ella, Sr. Aznar, y desde su superioridad moral, ilumine su camino de dolor para que se convierta en la senda de esperanza que Vd. conoce tan bien y que los demás ignoramos. 
Hable con ella, Sr. Aznar, y consiga que su tragedia se convierta en un concepto abstracto ajeno a nuestras vidas. Ella no debe permanecer en el recuerdo, la causa exige su olvido y su desaparición pues, si permanece, la victoria no llegará nunca. 
Hable con ella, Sr. Aznar, y hágale comprender que nosotros somos buenos, que nunca podríamos entender su dolor y su miedo; que sólo somos personas que ignoramos la grandeza de los ideales que impulsan esta guerra. Si ella entiende, nosotros podremos seguir ausentes de la realidad y nuestra vida volverá ser normal.
Hable con ella, Sr. Aznar, y cuéntele los secretos, los oscuros arcanos que rigen el destino de los pueblos; esos que sólo se le aparecen a Vd. en compañía de Bush y Blair y que tanto le enseñaron a Vd. mismo. Nosotros no sabríamos explicarle nada y no podríamos mitigar su dolor. Vd. si puede.
Hable con ella, Sr.Aznar, y pídale que, por favor, salga de nuestras vidas. Que nos asegure que sus miembros retoñarán alados de savia sin otoño, que nuestras noches volverán a ser el hogar de nuestros sueños, esos sueños que amenazan con abandonarnos para siempre ahuyentados por el espanto de sus gritos.
Hable con ella, Sr.Aznar, y que nos permita volver a vivir una primavera esperanzada y nueva sin el recuerdo de su sangre. Que el sol pierda el tono rosado y negro de la herida y la destrucción implacable de muchos como ella.
Hable con ella, Sr.Aznar, Vd. que puede y que tiene la convicción para poder hacerlo. Yo sólo puedo llorar y refugiarme, espantado, en el recuerdo de tantas risas perdidas, de tantas vidas que nunca podrán ser y de tantos niños que sólo tienen el miedo para llenar sus vidas.
Hable con ella, Sr. Aznar: yo sólo puedo llorar y llenar mi vida con su dolor.

sábado, 23 de abril de 2011

MAGIA

Vuelve un amigo de visitar la Alhambra y me hace recordar viejos escritos que hablan de magia.

El hombre ha ido, a lo largo de la historia, buscando lugares en los que fuera posible comunicarse con lo sobrenatural. Las corrientes telúricas surgían en los oráculos, donde sacerdotes y sybilas recogían la fuerza de Gea y con ella se remontaban a los cielos en búsqueda de la sabiduría. Esta corriente se prolongó en la selección de los lugares religiosos de épocas más modernas, en los que la arqueología ha ido decapando la tierra mientras encontraban restos de antiguos cultos y rituales, como si el hombre hubiera percibido que era ése, y no otro, el lugar adecuado para dar cabida al misticismo propio de la especie.
Más tarde, mucho más tarde, el hombre se sintió fuerte y quiso demostrar que el intelecto podía dominar a las fuerzas de la naturaleza y surgieron los jardines reglados, en los que el paseante podía contemplar a la naturaleza “domesticada”; era el jardín de la ilustración, del barroco, era Versalles, Shölbrun, era el enciclopedismo.
A caballo entre esas dos épocas, alguien descubrió que la magia residía en otro concepto, en otra forma de concebir el papel del ser humano; ni dominado ni dominador, un papel más amable en el que se desarrolló una forma de entender la vida, el tiempo y el espacio como un terreno en el que todo juega y todo debe estar en armonía: hombre, paisaje y ritmo.
Era el compendio de una vieja aspiración: el hombre como medida de todas las cosas, cuyo desarrollo pretendía colocar al hombre en un contexto asumible, coherente y comedido. Versalles pretende que el visitante sienta el poder del soberano; el románico que el hombre sienta el peso de la culpa en forma de grandes bóvedas, pesadas y pétreas; el gótico nos eleva al cielo negando la pertenencia del hombre a la tierra en una huida imposible, el barroco nos inunda de vanidad y el neoclásico nos enfrenta al deber, a la estructura y a la vida entendida como trabajo, orden y método.
En medio de esos excesos, a caballo de nada, surge la Alambra, poema glorioso de un pueblo que escapó de la arena y el desierto para encontrar la armonía de la mano de la naturaleza, la cultura y el placer de sentirse feliz en un mundo hecho a la medida de su propio espíritu.
En la Alambra nada es excesivo, todo está cuidadosamente concebido para que los pasos del visitante se acompasen al ritmo de las luces cambiantes y a la cadencia de las sombras. Sin quererlo, tu sombra participa de una coreografía antigua y placentera, como si el resto de la compañía te estuviera esperando para completar la obra. El sol se tamiza en las celosías y juega en los techos, el agua te cuenta historias de honor y romances; de sueños y largas conversaciones envueltas en el aroma de las plantas; el paisaje forma parte de la arquitectura y la sierra refresca el tedio del verano.
A los pies de este santuario mágico, Granada se admira del esplendor de su reinado y rinde homenaje a una reina olvidada en el tiempo que cuenta sabias historias a quien quiera escucharlas.
Hay un poema que se lamenta de la suerte del que nunca entró en Granada, de aquel cuyos pies no se refrescaron en la tierra bendecida por la armonía del Generalife o por el poder de la Torre de la Vela, de aquél cuyos ojos no jugaron con las luces y las sombras  y nunca pudo componer un soneto bajo sus cipreses. Los que no se han asomado desde las ventanas Nazaríes para ver cómo una ciudad se enamora de si misma, nunca entenderán que sus mejores sueños se crearon en la Alhambra, que entre las raíces de sus plantas y en las luces de sus arcos, se esconde el secreto de la verdad, la armonía y el placer tranquilo de saberse uno más en la inmensa obra de la tierra.

jueves, 21 de abril de 2011

Renovación

Campos amarillos de flores en el mes de Abril:
¿Hay una razón que soporte esa hegemonía de color en las praderas?

Si alguien piensa que bajo este título se encontrarán milagrosas recetas para la renovación política, se equivoca de media a medio: la renovación de laque hablo es la que se nos ofrece estos días en los campos de Abril como una explosión verde y florecida de mil tonos y matices.
Tenía el campo ganas de venirse arriba y este año podría pasar a los anales si no fuera porque la naturaleza es constante y fiable en su vocación de regeneración anual. Las encinas andan con plumeros de polen y más de un palmo de brotes; los cardos parecen querer encaramarse a no se sabe que distancia del suelo mientras los capullos se llenan de esa despreciada flor que solo ha sido glorificada por los escoceses en su himno “Flor de Escocia”.
El mes de Abril discurre como debe transcurrir, con nubes, aguas, soles y sustos para empujar hacia a arriba los pastos y las flores, los hueros y sembrados sin hacer demasiado caso de nosotros, que ya andamos añorando el calor estable del verano para entregar la piel al tibio beso del sol. La naturaleza nos va desvelando, poco a poco, como una novia esquiva e insegura de nuestra bondad, secretos y reglas que aumentan, si cabe, la admiración primigenia que sentimos al contemplarla.
Personalmente, y es algo muy particular, disfruto conociendo los mecanismos naturales que me permiten disfrutar de lo que veo y analizando sus causas; intentando comprender a posible ventaja que obtuvieron las plantas de flores amarillas para protagonizar, de forma tan destacada, esa primera explosión primaveras de los pastos. Amarillos abajo y blancos frutales en los árboles y arbustos que darán comida. Curioso ese primer panorama subjetivo.
Vivir donde vivo me permite sentir el pulso de los ciclos, entregarme al clima y a sus oscilaciones sin apresurar el paso tal y como nos pide la ciudad, que no tolera la dispersión. La ciudad quiere y necesita que nada cambie, que el ambiente permanezca inalterable: con esos 22 o 23 grados con el que los edificios llamados inteligente –no seré yo quien use ese término- parecen asegurar una perfecta digestión de nuestras vidas.
El mes de Abril es el mes de la vida renovada, de las aguas que corren y saltan de piedra en piedra llenando manantiales y empapando cosechas. El mes de Abril es el mes del que deberíamos sacar conclusiones y modelos y, sin embargo, es el mes que consideramos transitorio entre los fríos del invierno que se ha ido y el calor de un verano que no llega.
Hubo un día que el hombre sentía el pulso de la tierra y acomodaba sus pasos y migraciones a los mandatos que sus ciclos requerían, Hoy el hombre se ha olvidado de que la tierra debe ser atendida, cuidada y obedecida, que fuera de sus reglas, nos espera el desastre. Y el desastre llegará, sin duda, que cada día que pasa hacemos lo posible para que el momento se adelante todo lo posible.

miércoles, 20 de abril de 2011

¿Esto merece respeto?

Ken Ham, autor de toda la porquería intelectual que aparece en los dos videos.
Los misterios de youtube no me dejan seguir colgando videos, pero os pongo los enlaces.

¿Es respetable impedir que los niños adquieran un conocimiento real del mundo? ¿Cuándo las opiniones dejan de ser respetables para hacerse nocivas, destructivas y peligrosas? ¿Hay que dejar que el error, el fanatismo y la mentira se aprovechen de un sistema abierto y tolerante para empobrecer las mentes de los más jóvenes?.
No todas las posturas y no todas las opiniones son respetables cuando tratan de contaminar las aulas de los colegios, de las universidades y captar la atención de los medios de comunicación.
Dos videos que ponen de manifiesto la manipulación que ejerce el personaje, Ken Ham –Fascista americano que ha conseguido que el estado de Kentucky le financie un parque temático sobre el creacionismo que muestra a los humanos conviviendo con los dinosaurios y cuya figura central es el arca de Noé, con dos pelotas- sobre los niños, tanto con el discurso como con el uso de algo tan “inocente” como una cancioncita.
Nota para los que reciben esta entrada por mail: no os perdáis los videos, por favor.

Aprendizaje



Enlace al primero de los cinco videos de Richard Dawkins explicando su postura. (Si tienes suerte, se enlazan solos)
Muy interesantes, de verdad.


Estos días, en los que baja el ritmo y se tiene la oportunidad de curiosear por la red en busca de videos entretenidos o curiosos, me ha dado por consultar intervenciones relacionadas con el ateísmo reivindicativo –por fin-  de Richard Dawkins y los diferentes videos de respuesta que cuelgan sus detractores.
Lo primero que se demuestra es la tesis de que lo peor, lo más execrable en la sociedad americana, por debajo de negros, chicanos, amarillos y demás ralea perseguida por esos evangélicos militantes, es el ateo. Ellos han colocado su nación bajo dios (Bush padre dixit) y no entienden que un ateo pueda ser ciudadano o patriota. Curioso, pero así es. Cuando les hablan de estadísticas europeas al respecto, poco menos que creen que les toman el pelo.
Lo segundo que llama la atención, y mucho, es la imposibilidad de entender la postura del ateo con respecto a la incertidumbre de sus conocimientos, planteamientos y el posible cambio que pueden sufrir estos en el futuro. No pueden comprender que esos cambios, ese derrumbe de las construcciones intelectuales actuales, será recibido con toda tranquilidad, normalidad y “fair play”. Dawkins cuenta la anécdota de un profesor de su departamento que, tras más de quince años de trabajo intentando demostrar un principio, tuvo que asistir a una conferencia en la que otro investigador destruía ese principio de la forma más clara, rotunda e indubitable. Este científico simplemente se levantó al concluir la conferencia, se acercó a orador y le dio las gracias por hacerle ver lo equivocado que estaba. Tan sencillo, limpio, honesto y honrado como eso.
Me pregunto que harían estos fanáticos si, de repente, se les cayeran las escamas de los ojos y se dieran cuenta de que es imposible crear el mundo en siete días, que la tierra tenga cuatro mil quinientos años o que lo que sabemos sobre Jesús nos ha llegado tras casi cien años de transmisiones verbales de mas que dudosa fiabilidad. No imagino su reacción o el grado de su depresión, de verdad.
Eso en cuanto a la biblia, pero si eso lo llevamos a asumir el papel del ser humano como un elemento más dentro de un conjunto de seres cuya trascendencia es cero; cuya importancia es cero y que sólo se distinguen por un poco, por una leve chispa de conciencia inteligente, de los demás seres vivos conocidos, entiendo que se abrirían las venas.
Entiendo que nuestra realidad, nuestra muy corta realidad como seres pensantes capaces de sumar conocimientos generación tras generación, da para muy poco; apenas para empezar a comprender la verdadera naturaleza de la realidad que nos rodea; las claves del mundo físico que nos condiciona y con el que mantenemos una relación consciente. Sabemos muy poco, es cierto ¿y? ¿Acaso eso impide querer saber más? ¿Impide que nuevos conocimientos nos enseñen nuestras equivocaciones y aprendamos de ellas? Por supuesto que no, pero es más grave aún: pensemos en lo que, como humanos, hemos sido capaces de conocer y profundizar en los últimos ciento cincuenta años. Es impresionante y además de impresionante, curioso que ese periodo de tiempo coincida con el escaso plazo en el que el hombre ha podido pensar e investigar en un ambiente parecido al de la libertad intelectual, lejos y al margen de las religiones.
Quiero aprender y que mi mundo se destruya y se cree cada día con nuevos conocimientos que aumenten mi comprensión del universo; me encantaría comprender cada día nuevas teorías y construcciones mentales; construcciones teóricas que revelaran nuevas fronteras donde enfocar el nuevo afán de saber. Me parecería una vida apasionante y muy lejos del asesino dogmatismo religioso que pretende hacernos creer en todas las estupideces contenidas en los libros llamados sagrados.
Y morir, sin más. Morirse simple y llanamente, sin desear trascendencia ni espiritualidad ninguna; nada de visiones beatíficas ni cielos ni infiernos. Morirse para convertirse, otra vez y como decía Carl Sagan, en materia estelar. Creo firmemente en que es un destino completamente satisfactorio para un animal que, como especie, se está cubriendo de una hermosa capa de mierda.


martes, 19 de abril de 2011

Colaboracionismo

No sólo es tradición al margen de la religión: es puro colaboracionismo con la Iglesia que los usa para mantener sus posiciones.
Tan simple como eso, así que nadie me venga con monsergas: nada es gratis y menos si la Iglesia está por medio...
Ante las críticas recibidas por mi elogio de la maldad y mi disfrute de la lluvia en estos días, copio lo que un periodista de La Razón escribe sobre las manifestaciones religiosas de la Semana Santa en España:
Lo cierto es que, más que un bien con titularidad, la Semana Santa se revela como seña de identidad de un pueblo, de un país. Basta echar un vistazo al mundo de las cofradías y hermandades en nuestro país, que superan las 7.000, según datos de la Conferencia Episcopal, y que se erigen como uno de los movimientos asociativos con más presencia de toda España, por encima incluso de los partidos políticos y los clubes de fútbol. Se calcula que actualmente hay más de un millón de cofrades en toda España que están al corriente del pago de sus cuotas –la media es de unos 150 euros anuales contando con el hábito procesional–, que salen a la calle a lo largo de estos días para expresar su fe a través de los pasos a los que acompaña –ya sea como costaleros, nazarenos o penitentes–, y que deciden «mojarse» con su tiempo y su aportación económica en esta expresión de fervor popular. Eso, sin contar con todos aquellos que acuden como espectadores a una procesión y ven despertar su fe, afianzan su devoción o expresan una oración a pesar de no acudir a misa ante el arte de las tallas, el sacrificio de los costaleros, la devoción de los nazarenos o el olor del incienso.
Como puede comprobarse, no habla, para nada, de tradición, de oficios antiguos, de participación al margen de la Iglesia. Lo que este señor nos cuenta va dirigido a que nadie se olvide de dotar convenientemente los epígrafes ocupados por la Iglesia en los presupuestos generales del Estado, pura y simplemente.
Hoy, cuando el supremo le ha dado la razón a una profesora de religión despedida por ejercer su libertad en un acto privado, todas esas procesiones y actos en los que la Iglesia se coloca en el centro del universo acabarán convertidas en munición dirigida contra el deseado (por mi, evidentemente) laicismo del estado; acabarán siendo un instrumento más en manos de una institución que actúa según criterios sectarios, que oculta y protege delincuentes dándoles pasaportes de El Vaticano cuando su pedofilia o actuaciones delictivas en el ámbito de la banca, consiguen que las policías del mundo se pongan tras sus huellas.
Lo siento, pero cada vez tengo más claro que ese “dejarse llevar” sin pensar en sus consecuencias no es sino un acto de puro y simple colaboracionismo con la iglesia. Luego que no me vengan contando monsergas: si no crees, no participes y si participas, se consecuente. Sencillo, ¿no? Pues eso, que el año que viene me encontraréis practicando la danza de la lluvia para que el agua bendiga los campos de domingo a domingo. Y si esa bendición es especialmente generosa y lava a conciencia las ciudades, mejor que mejor.

lunes, 18 de abril de 2011

No renuncio a la maldad

Lo reconozco: soy malo y mi maldad se recrea en la lluvia de Semana Santa.

Casi lo consigue mi amigo José Manuel y por un momento, por unas horas apenas,  la impuesta moral judeo-cristiana asumida desde la niñez parecía imponerse al único rasgo de maldad que anida en mi interior, pero la voluntad se ha impuesto y me entrego a mi propia maldad anual recuperando todo el deleite y ceremonial que la ocasión merece: espero la lluvia de Semana Santa con ansiedad, con emoción contenida y con delectación.
Llega la lluvia a mi maldad como el monzón de las novelas llegaba a la sedienta india de campos resecos y hambruna; llega la lluvia para animarme los telediarios de la Semana Santa con sus lagrimeos y lamentos desgarrados; llega la lluvia y con ella, la suspensión de las procesiones que quedarán formadas y uniformadas en el interior de las iglesias arrulladas por llantos desgarrados de aquellos que soñaban con la pública exhibición de su presencia.
No lo puedo remediar, me encantan esas pruebas de desgarro y de angustia por no poder darse una vuelta procesional por las ciudades; me lo paso bomba y reconozco mi maldad. Este año, tras ser severamente amonestado por mi perversidad, he intentado ser bueno y compadecerme de ese coro de plañideros y lloronas, pero mi cáscara amarga se impone y reclama mi anual fidelidad.
Y lo mejor de todo: este año parece que si, que llueve, que las previsiones van a conseguir que me clave delante de la televisión para consumir con deleite las imágenes de todos los telediarios en los que veré llantos, hipidos, paraguas y lluvia, mucha lluvia. Es posible que tenga pagar por ello, pero juro que esos momentos no tienen precio.

domingo, 17 de abril de 2011

Sectas y sectarismos

Unas benditas y otras malditas; antiguas y poderosas, las sectas dominan nuestro mundo.
Para que todos los lectores lo tengan claro, me acojo a la tercera definición del Diccionario para sentar las bases de este comentario, de manera que si alguien quiere comentar lo comentado, que tenga en cuenta esta circunstancia, que luego me vuelvo loco: Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa. Bueno, dicho esto, creo que si además dejo claro que considero falsas todas las religiones de las que tengo noticia, puede deducirse que entiendo como sectarios a todos los practicantes o seguidores de cualquiera de ellas.
¿A que viene todo esto? Pues a que estamos en plena época de manifestaciones religiosas de todo tipo que ponen de manifiesto que este país, en contra de lo que dice Benito XVI, le otorga al catolicismo un papel y unos privilegios fuera de toda duda. España regula las fiestas oficiales según lo marca el santoral de la Iglesia, paraliza la actividad de sus ciudades, protege a las procesiones más allá de cualquier duda y hasta hace un cuarto de hora, ponía en el programa de actividades militares eso tan antiguo de presentar armas al paso de las imágenes, tocar el himno nacional y otras monsergas similares.  Mantenemos un concordato propio de las guerras medievales y las luchas de papas y emperadores del sacro imperio romano germánico, pero no es bastante, siempre quieren más: lo quieren todo.
Manteniendo las formas, eso si, que en eso son muy distintos a sus primos del Corán (la religión/secta lo impregna todo de tal manera que hasta el programa de Microsoft que genera este texto, me marca el error de escribir la palabra con minúscula: tiene que ser remarcada con mayúscula), que son unos pasados o los seguidores de la tora (curioso esto de Microsoft: a los judíos que les den dos duros, que no se merecen las mayúsculas), tan restrictivos y ajenos al proselitismo ellos.
Estamos dominados por las ordenanzas de las sectas y por el odio acérrimo de los sectarios, que solo se ponen de acuerdo en una cosa: darnos cera a nosotros, los ateos. Y es comprensible, que somos nosotros los que fastidiamos el negocio, los que nunca les damos dinero a ninguno; los que deseamos firmemente que las sectas nada tengan que ver la vida pública y que cada cual se pague sus manías sin esquilmarnos a nosotros.
Hace unos años se podía decir que la religión había sido la causa de muertes y persecuciones, pero lo trágico es que ese tiempo verbal no es adecuado: la religión ES, hoy en día, causa de persecución, muerte, asesinato, ejecución, violación, abusos y todo tipo de desmanes que son perpetrados en nombre del dios más conveniente para los ejecutores. Es cierto que la iglesia romana está perdiendo fuelle en estos enfrentamientos, pero los radicales americanos están listos para tomar el relevo y organizar un buen follón.
El panorama real es ese: no son los sectarios, los seguidores de cualquier religión, los que deben sentirse perseguidos, no: somos nosotros, los que estamos hartos de tener que soportar su intransigencia, su opresiva presencia en nuestra vida y en nuestras instituciones, somos nosotros las víctimas de tantos siglos de superstición.
Llegará un día en el que la humanidad podrá librarse de esas rémoras intelectuales; de esas supersticiones, pero los ateos vivimos aún en los márgenes de una sociedad que sigue torciendo el gesto ante una declaración que debería ser normal y habitual, casi consustancial a la naturaleza racional de nuestra especie. A fin de cuentas, sigo diciendo que todavía nadie me ha presentado al caballero. No he tenido el placer.

sábado, 16 de abril de 2011

Procesión



Debería parecer el vide de John Calin, pero algo falla.El enlace de aajo funciona correctamente.
En su luga, el logodel movimiento encabezado por Dawkins: la A de los ateos americanos.
Una argumentación sencillamente genial y divertida.Obligatorio.
Hace unos días comentaba la iniciativa que pretendía celebrar una procesión atea en Madrid y dejaba clara mi postura contraria a la misma. El Ayuntamiento la ha prohibido, lo cual tampoco me produce alegría, pero lo puedo entender: se iba a liar, seguro. Lo que pasa es que la prohibición no garantiza que no se acabe liando a esa hora o a otra cualquiera en cualquier otro sitio. Desde mi particular punto de vista, creo que esas exageraciones no sirven a la causa y lo único que hacen es tensar la cuerda de forma artificial.
Creo que una convocatoria pública para dejar ver la existencia de un sector creciente de la población que se reconoce como ateo es buena, pero esa convocatoria debería generar sus propios códigos, jamás usar la imagen especularmente ofensiva de símbolos religiosos. Eso no es gratuito y ofende, con toda lógica, a los que usan esos símbolos. Si alguien tiene dudas, le recomiendo una visita al site http://richarddawkins.net/ y se dará cuenta de que se puede generar una iconografía propia y argumentar sensatamente sin caer en el esperpento que esa convocatoria prohibida planteaba.
De la misma manera que ser homosexual no implica, bajo ningún concepto, convertirse en el absurdo estereotipo de una loca emplumada, ser ateo no significa, ni implica, ir por esos mundos denigrando cruces o imágenes religiosas, quemar el Corán o ir tocando las narices en las sinagogas que nos salgan al paso.
Ser ateo es, simplemente, no creer que haya dios; conformarse con un destino tan simple como el que nos propone la muerte y se acabó; no tener necesidad de saberse o creerse inmortal o de que nuestra vida trascienda hacia planos espirituales o algo parecido. Eso si, por favor: que no nos hagan a nosotros responsables de demostrar la no existencia de dios. Eso es pervertir la carga de la prueba y una falacia. En todo caso, los creyentes deberían agradecer que se les dejara seguir haciendo apología del absurdo y perpetuar las supersticiones que tanto daño han hecho al ser humano en general y al conocimiento en particular.
Como final, os aconsejo el visionado del genial monólogo de la entrada sobre la calidad de la obra divina, que de verdad, no tiene desperdicio.

jueves, 14 de abril de 2011

Salud y república

Un ideal que duerme esperando el momento adecuado.
A la tercera, ¿irá la vencida?
Ochenta años ha, España se soñó libre sin saber que la libertad nacía muerta. Hace ochenta años que los ciudadanos españoles quisieron sacudirse de encima una monarquía acomodada que se sentía muy confortable con aquellos militares africanistas que soñaban con la gloria mientras los soldados, aquellos infelices que obedecían sus órdenes, morían en alpargatas entre paludismos y disenterías.
Ochenta años hace que España desvelaba sus carencias sociales y esas carencias ponían de manifiesto que la derecha no estaba dispuesta a ceder ni un sólo palmo de terreno; el mismo terreno sobre el que otros países europeos construyeron una paz social basada en una clase media sólida; un terreno en el que hicieron crecer justicia social y una clase trabajadora cuyas vidas podían aspirar a la dignidad, quimera que, en España, fue calificada de revolución y represaliada como tal.
La II República tuvo la necesidad de avanzar por un terreno que Europa había transitado, con más o menos calma y sensatez, a lo largo de los cien años anteriores al 31, pero la derecha puso barricadas, trincheras y toda clase de minas en el avance. Ahora, cuando han pasado ochenta años, es fácil dejarse seducir por la idea de repartir las culpas de los excesos y animaladas a partes iguales, pero no podemos olvidar que nunca los que pedían dignidad pueden ser condenados de la misma manera que aquellos que se la negaron una y mil veces.
La II República acabó con el sueño de libertad y justicia asfixiado por cuarenta años de dictadura cuya naturaleza no admite ni otro nombre ni otro juicio, por muchos que algunos intenten  contarnos milongas sobre las bondades del fascismo chusquero y cuartelario de un personaje tan siniestro como Franco.
Hoy, ochenta años más tarde, España mira hacia atrás quizás con demasiada distancia sobre una historia reciente que enseña mucho más de lo que algunos quieren ocultar. Salud y república, por supuesto, que siempre hay que mantener los sueños aunque el sistema los domestique con la anestesia de lo posible.

miércoles, 13 de abril de 2011

31 años, 20 vidas

Jose María Sagarduy "Gazka" sale de la prisión de Jaén.
Sale al encuentro de 20 muertos y de una vida pedida.
¿Le habrá valido la pena?

Sale de la cárcel, tras 31 años de reclusión, un etarra corresponsable de veinte asesinatos, mejor dicho, de veintiún asesinatos si a la vida de los ya muertos, sumamos la suya propia como una vida desperdiciada y consagrada al terror, la muerte y la destrucción.
Ya se que a muchos esos 31 años les parecen pocos, pero a mi me parecen una enormidad de tiempo; una montaña de tiempo que cae sobre la vida de alguien lo suficientemente equivocado como para hacer de su paso por el mundo un instrumento de muerte, daño y destrucción.
Producto de esta liberación se levantarán voces pidiendo, como siempre, la pena de muerte como máximo recurso, que el del cumplimiento íntegro de las penas ya está vigente y hace años que los etarras que entran en prisión empiezan a conocer la lentitud de las horas carcelarias. Entiendo la perplejidad de las víctimas ante el sistema, pero es que el sistema debe funcionar con esa crudeza: delito, juicio, condena, cumplimiento y a otra cosa, mariposa. Duro, pero real, que cumplida la pena nadie debe, por otra causa que su propia voluntad, quedar preso de sus errores.
Me da una pena inmensa tanto dolor inútil, tanta vida desperdiciada y tanto odio derramado sobre un mundo que está sobrado de dolor. Las víctimas tendrán un motivo más para el dolor y la solidaridad y para exigir justicia, nunca para la justificación de la venganza. Habrán pasado 31 años sobre una vida desperdiciada al servicio de la muerte. Mala causa para un pago tan caro.

martes, 12 de abril de 2011

El infinito cotidiano

Fractal de Mendelbrot
Univeros infintos dentro de lo infinitamente pequeño.
Los esquemas con los que nos acercamos a la realidad son tan habituales, están tan interiorizados, que cuestionarlos nos causa una perplejidad absoluta. Cuando alguien pregunta por la longitud de una costa, por la forma en la que se pliegan las capas de nuestro cerebro para ganar superficie o por la manera en la que se distribuyen y despliegan las ramas de un árbol, parece que las respuestas deben ser casi tan amplias como la enciclopedia, pero la realidad es otra muy diferente: la clave está en el nivel de resolución con el que queramos acercarnos a esa realidad.
La longitud de una línea de costa es infinita si queremos medirla con la máxima precisión, pues esa capacidad de resolución implicaría la medición de cada pequeña irregularidad por pequeña que esta sea, de manera que el medidor quedaría condenado a una tarea sin final posible. Esta particularidad del mundo físico, diferente y cambiante según la escala y la aplicación de diferentes magnitudes físicas, es lo que acaba conformando una rama de la física que ha tenido, hace unos años, un momento de máximo esplendor: la teoría fractal. Fractales de constante uno si son líneas, de dos si son planos bidimensionales y de tres si son volúmenes, como los árboles, capilares o pliegues cerebrales pero que, en todos los casos, tienden a completar el espacio disponible hasta el máximo de su potencial.
Los fractales, como el que lustra la entrada y que se conoce como Fractal de Mendelbrot, son conformaciones físicas que crecen y ocupan planos de la realidad de forma ordenada, repetitiva e infinita según un patrón dado.
Por muy pequeña que hagamos la escala con la que vemos la figura, siempre nos parecerá que estamos ante la misma realidad, por muy grande o muy pequeña que sea la escala aplicada, poniendo de manifiesto la imposibilidad física de la medida exacta. ¿Que perímetro tiene la esfera central de la figura? Imposible de cuantificar.
Cuando lo llevamos a su máxima expresión y última consecuencia, lo que nos encontramos es que las magnitudes físicas que creíamos tan limpias, definidas, concretas y ordenadas, se deshacen en una realidad irregular que, en lugar de presentarnos una superficie perfecta susceptible de ser definida, se abre a la imprecisión y a la incertidumbre posibilista que nos obliga a definir la realidad medida como una mera probabilidad de concretar algo en un punto definido y en un momento dado, lo cual implica la aceptación de la realidad como un entorno cambiante, incierto y siempre en perpetua evolución.
Si esto ya era chocante, vamos con la última y divertida consecuencia: si aplicamos esta realidad al conjunto de las dimensiones posibles y pensamos en la que  se sitúa a continuación de las conocidas largo, ancho y alto, el espacio-temporal, ¿podemos asegurar que pasa lo mismo? Curiosamente, si: se acaba de abrir una nueva realidad en los límites del espacio y el tiempo  conformada por la incertidumbre constate que encontramos a la hora de concretar los límites de esa dimensión física en la escala de lo muy pequeño, lo que nos lleva a la aceptación de la existencia de irregularidades en esa dimensión. ¿Que eso es raro? Hombre, tan raro como el nombrecito que le han puesto: espuma cuántica, un exiguo terreno en el que la materia se crea y destruye en un tiempo que avanza y retrocede (si, el tiempo, en esta dimensión tan pequeña, también puede retroceder) dando lugar a anomalías cuánticas cuya última expresión podría ser algo que se ha llamado Big Bang y que, como últimamente se empieza a saber y demostrar, no necesita de mucho más para generarse.
La cosa no ha hecho sino empezar y las primeras líneas de la nueva historia de nuestro mundo se colocan sobre un universo de masa cero que sobrevive negando la realidad que vemos y tocamos entre dos fuerzas inmensas que se anulan: la realidad positiva de la materia y la intangible presencia de la energía de campo gravitatorio. A este paso, nos quedamos en nada y el que inventó aquello de “no somos nada”  se consagra como genio de la física moderna.

lunes, 11 de abril de 2011

La vida del mensaje

Lo dicho y lo interpretado, lo transmitido y lo elaborado como producto de la comunicación.
Siempre curioso el resultado.
Desde que escribo en este blog hay una cuestión que me apasiona y que me gustaría compartir con aquellos que os tomáis la molestia de participar con comentarios, aportaciones, matizaciones y discrepancias: la diferencia entre lo que yo creo escribir y lo que vuestros comentarios revelan sobre la interpretación que vosotros dais por recibida.
Hoy mismo hablaba del tema con una compañera de trabajo con la que suelo discrepar muy cordialmente, (un saludo Carmen)  poniendo de manifiesto los diferentes pesos y valoraciones que cada parte del escrito tiene para los que lo reciben. Es evidente que lo que yo escribo tiene un sesgo hacia mi tendencia ideológica; que le doy más a la derecha que a la izquierda, pero lo curioso es ver cómo, con independencia de lo que yo creo escribir, cada cual valora mis comentarios según se sienta más o menos atacado en sus afinidades.
Me ha pasado con los comentarios sobre un lado y otro, de manera que si en una entrada yo ataco de forma global a TODOS los partidos cada cual, según su afinidad, siente e interpreta que he cargado la mano más hacia un lado que hacia otro o que esa igualdad en la valoración no hace justicia con la diferencia real entre unos y otros.
¿Que significa eso? Que, como es sabido, los hechos no son nada sin la aportación del que los observa, o lo que es igual: lo que yo escribo dice exactamente aquello que cada uno que lo lee interpreta, sin importar la idea original que yo tuviera en l cabeza. Esa es la verdadera vida del mensaje y lo curioso del hecho, que un mismo escrito tiene la capacidad de vivir tantas realidades diferentes como lectores accedan al texto y eso es algo inmanejable para el autor.
De la misma manera que es imposible saber si el árbol que cae en el bosque hace o no hace ruido al caer si no estamos allí para comprobarlo, la realidad de algo que hemos escrito sólo se concreta cuando el que lo recibe termina de insuflarle el último aliento que necesita para vivir. Así pues, os sugiero que antes de juzgar estos comentarios, penséis que una parte, grande o pequeña de sus valoración general, os corresponde a vosotros mismos y a vuetsra particular interpretación de los mismos. Curioso, ¿verdad?

sábado, 9 de abril de 2011

Corrupción sin castigo

Carlos Fabra, demostración viva de que este país no quiere limpiar las cloacas de la política.
Da miedo, si, pero no está solo: PSOE de Andalucía tampoco quiere pasar el mocho, como
 CIU, PNV, PP de Galicia, FSM en Madrid...
O los echamos a gorrazos o nos acaban matando ellos a nosotros.
Solo puede quedar uno, y no deben ser ellos.

Se confirma: en este país no se castiga la corrupción política. Los partidos, los grandes y los pequeños, siguen mirando fuera sin limpiar su propia casa. Eso los partidos, que los simpatizantes de cada uno se empeñan en justificar, disculpar o ignorar los hechos: lo de Camps sigue siendo “cosa de unos trajes” para los de derechas, y los de izquierda tampoco quieren fumigar a Chaves –aunque sólo fuera “por si acaso”- o decirle a Tomás Gómez que, mientras apoye públicamente a una persona condenada, le va a votar su padre.
La corrupción política es el principal enemigo de este país; la corrupción nos matará y dejará el campo libre para la llegada de cualquier cosa. Rajoy no puede consentir que haya 11 inculpados en las listas de Valencia; el PSOE tiene que dejar lo de de Andalucía como un solar, niquelado, limpito, fresco y ausente de décadas de putrefacción; los madrileños debemos castigar al PP de Esperancita con toda crudeza y en general, fumigar a esos que, con Fabra a la cabeza, (seguido a corta distancia del de Castilla la Mancha, genio de cuyo nombre no me acuerdo ni quiero buscar) se permiten la desvergüenza de hacer aeropuertos -Castellón y Ciudad Real- destinados a vuelos intergalácticos de los habitantes de Radiculín, que decía el otro.
Los políticos españoles se han ganado un soberano y popular corte de mangas de toda la ciudadanía, sean los ciudadanos de derechas o de izquierdas: ya no hay un pase más, no hay nada detrás de esta sinrazón y de esta golfería institucionalizada.
Y que no me venga nadie con el cuento de que es la democracia la culpable: los culpables son los que han pervertido el sistema y lo han convertido en un instrumento de corrupción dando argumento para que los populistas, los fascistas y los peores aún, argumenten que mejor un dictador y su camarilla, que se lo llevan entre menos y por tanto, roban menos.
Necesitamos una nueva refundación democrática que se asiente sobre principios éticos y morales sólidos y ya probados; un sistema de control súper eficiente y una limpia propia de Gracita Morales con pañuelo, zorros y ventanas abiertas, que no nos cabe un chorizo más. Duro y a la cabeza, que hay que sacar a todos estos golfos a gorrazos y meterlos a todos el trullo hasta que devuelvan todo o que se han llevado. ¿Nombres? Hombre, esto es un acto voluntarista, no una condena, que escribirlos todos es largo de narices y no estoy dispuesto.

jueves, 7 de abril de 2011

Solos

El colmo de la mala educación: en doble fila porque es más cómodo que aparcar, aún habiendo sitio.
Esa es la España de los solos. Al resto que le vayan dando.

España se ha deslizado por la pendiente de la más absoluta mala educación; España se ha llenado de “solos” que transitan las ciudades como si no hubiera nadie más en el mundo. Los principios de la educación se basan en intentar conseguir que muchos de nosotros podamos vivir juntos sin molestarnos, sin que nuestras acciones supongan que los demás tengan que sufrir consecuencias negativas por su desarrollo.
España se ha llenado de solos, de gente que para el coche cuando y donde quiere, de otros que, al dejarlo en doble fila, sienten que solo sus intereses cuentan porque “están trabajando” como si los demás mortales estuvieran paseando por la ciudad. Son los solos, los mal educados, los groseros que reivindican su derecho a ser mal educados en lugar de avergonzarse por ello.
Podemos verlos en multitud de circunstancias: entran en ascensores sin dar los buenos días; o pasean por las oficinas como si no hubiera nadie; se colocan en el carril izquierdo sin adelantar por la simple razón de que les es más cómodo sin pensar en las molestias.
España es grosera, mal educada, desconsiderada y los extranjeros se dan cuenta de ello: no saludamos, las cosas no se piden por favor, nos hemos olvidado de sonreír y nos hemos olvidado de que pensar en los demás y en hacer lo posible para que su vida sea mas fácil, agradable y cordial.
España está llena de solos que viven la vida con cara de ajo, mala leche y ganas de molestar. Una verdadera lástima.

miércoles, 6 de abril de 2011

El paradigma del botijo

Ejemplo de la tecnología sostenible: el humilde y denostado botijo.

Los que ya somos un poco mayores nos hemos criado en lo que llamábamos la España del botijo; o de charanga y pandereta,siempre estigmatizada por una imagen de subdesarrollo cuya plasmación tomaba la forma de diferentes iconos: la boina, el refajo, el burro... y el botijo.
Hoy, cuando los residuos venenosos de la central japonesa llenan mares, huertos y organismos; cuando el CO2 señorea el ambiente y convierte la atmósfera en un polvorín de efectos invernaderos e inviernos inciertos, el ser humano vuelve sus ojos a la sostenible tecnología del botijo y valora sus enormes ventajas.
El botijo –que cuenta con un lugar destacado en el ranking de la NASA sobre tecnología eficiente- es, en si mismo, el paradigma completo de lo que deberíamos haberle exigido a la tecnología en lugar de creernos que todo nos salía gratis. Con un poco de barro y mucho ingenio, un poco de calor y poco más, el hombre construye una máquina cuyo rendimiento es inigualable.
Repasemos: sin consumir energía, es capaz de bajar la temperatura de un líquido muy por debajo de la temperatura ambiente sin desgastar sus componentes; conservando –incluso mejorando- las cualidades organolépticas del líquido contenido de una manera continuada y prolongada durante décadas sin siquiera generar huella de CO2. Vamos, que ignora eso de la obsolescencia programada y zarandajas semejantes.
Si a cualquier ingeniero industrial especializado en refrigeración se le pidiera el diseño de un aparato semejante, diría, sin duda ninguna, que es imposible. Pues esa es la gracia, que no sólo es posible sino que lleva siglos conviviendo con nosotros, que somos los mismos que hace décadas queríamos eliminarlo de nuestras vidas y hoy buscamos sus enseñanzas con la esperanza de que nos salve de la quema. Paradojas.

martes, 5 de abril de 2011

Desfila el mundo

Un mundo que se regenera con la cadencia de la luz verde.

Sin darnos cuenta, cada día el mundo organiza su desfile y pasa frente a nosotros sin que muchos se den por enterados. Cada semáforo de cada calle, de cada ciudad, cada esquina del tercer mundo en la que se paran los coches –si es que se paran – deja ver muchos mundos que pasan delante exhibiendo su particular manera de entenderse.
Desde la particular visión de la moto, menos protegida y mucho menos aislada del propio desfile, las características de cada calle y de cada peatón se manifiestan con mayor intensidad. No es lo mismo el apresurado paso de los que pasan delante en la Calle García Noblejas a las 8 y 50 minutos, casi llegando tarde, que aquellos que se dejan llevar por la suave marea de Gran Vía a las 8 30; hora de nadie que les permite ver el mundo pensando en el café que les espera antes de fichar.
Tampoco la moda es igual en Las Cibeles o en la Puerta de Alcalá, lugares en los que es posible ver un muestrario de moda y lujo desconocido en otros lares. Divertido eso de contemplar las diferencias, pero es que si esa visión la hacemos más pequeña y la acercamos a lo que ocurre en el pequeño universo que se forma entre luz verde y luz verde, veremos que el comportamiento de los que pasan delante reproduce toda la catalogación de tipos, neuras y conductas que la Psicología cataloga para la especie.
En cada entrega encontramos al ansioso, al rápido; al suficiente, al presuroso, al neurótico obsesivo que mira al muñeco verde esperando que se ponga rojo; también al lento, al premioso insolidario que retarda la marcha para que los coches se tengan que retrasar, al chulo inseguro que se exhibe mirando, de reojo, por si tiene que descomponer la figura y salir corriendo y también, casi siempre, al suicida que se juega la vida para apurar el último segundo de paso franco.
En cuanto a modas y vestimentas, un verdadero despliegue, que en el centro se mezcla todo: pijos, dandis, busconas, tribus urbanas de todo pelaje y condición, oficinistas pulcros y anodinos, ejecutivos con toda la panoplia de convencionalismos encima; tacones, bailarinas, abrigos, cazadoras... todo un curso de sociología que se desliza ante nosotros dos veces por minuto. Para que luego digan que la calle no enseña: lo enseña todo.

domingo, 3 de abril de 2011

Leviatán o el planeta

¿Es la tierra el actual leviatán que obsesiona nuestra caza?

Me deja mi amigo Josevi un libro muy interesante (Philip Hoare, LEVIATÁN o la ballena, de Ático de los libros) cuya lectura nunca le hubiera atribuido y que ofrece múltiples apoyos para irse por las ramas; para seguir el hilo de una historia que nos habla de la inconsciencia del hombre para aprovechar y explotar los recursos naturales y analizar los modelos económicos desde un punto de vista novedoso.
Nos habla Hoaré de un mundo que giraba alrededor de la ballena como ahora gira el nuestro en torno al petróleo. La ballena no pudo resistir la presión del hombre y el hombre tuvo que encontrar sustitutos para todos esos productos que, se decía entonces, no podían ser sustituidos.
¿Es el planeta ese moderno leviatán que rendirá su vida a la inconsciencia del hombre? ¿Será la tierra y sus recursos la encarnación del mito de Melville en su versión más amplia y enloquecida? ¿Serán nuestros residuos los que acaben de arponear el corazón de la bestia con sus venenos y su peso? ¿Inventaremos nuevas armas para matar a la bestia de la que, como Ahab, odiamos y necesitamos como soporte de nuestro aliento vital?
En los dos últimos siglos, nuestros arpones hieren la tierra como hirieron a la bestia blanca, a Moby Dick, y como ella la tierra resiste, pero no sabemos si ya está herida de muerte: nuestra codicia la habrá matado envenenada. Pero es posible que todavía estemos a tiempo; que nuestro leviatán terrestre sea capaz de regenerarse; de sacudirse nuestra ponzoña en las limpias aguas del océano y resurgir de nuevo limpio y nuevo.
Como las excrecencias que colonizan la piel de las ballenas, el hombre ha colonizado la tierra y ésta debe limpiarse, debe rascarse contra las piedras del fondo y olvidarse de los molestos percebes que invaden su cuerpo. El hombre se ha convertido en un hijo enloquecido que acaba con la vida de su propia madre y, si las enseñanzas de Melville son ciertas, el Leviatán acabará con nuestra locura y nos ahogará enredados en nuestra propia inmundicia.
O eso, o abandonamos el moderno aceite de ballena en favor de otros recursos que no impliquen la muerte del Leviatán. Podemos hacerlo y si una vez salvamos a las ballenas, hoy deberíamos ser capaces de salvar al planeta.
Es lo que pasa cuando leemos cosas que abren tantas ventanas: aunque errados, la especulación es divertida.